Mis libros

Vacío ancestral, edición de autor, 1994.

Pienso, me detengo,
la materia se desploma
en pueblos fariseos
que denigran la pasión.
Hormigas festejan
con cantos mundanos.
Exploro pensamientos,
catarsis de humedades.
Pienso,
me recorro, te amo.

II

¿Qué haría por un amor?
Me entrego sin condición o alianza,
recorrería desnudo la infame vida,
entraría en el averno odioso, tan sólo por un amor.

¿Qué haría por un amor?
Atravesar los sepulcros del destino,
devorar del fruto prohibido.
Dejaría de adorar estrellas,
por formar con tu voz un soneto,
tan sólo por nuestro amor.

Presagios, Instituto de Cultura de Cuba y Quintana Roo.

Divago en el paisaje oscuro
Las masas reciclan palabras
Diéresis amorosa del tranvía citadino
Nadie tiene la certeza de lo inmutable
Sólo presagios incapaces de bailar
Al alba del nocturnal
En el epílogo del usurero

Plegarias carnales desde las calderas del cielo, Editorial Presagios, 1997.

Quiero consumirme en incensarios de tu lengua
Busco la resurrección y anuncio
El Mesías se halla bajo tu pelvis
Donde los ángeles no besan
Por ser trazos incorpóreos

Nuestra carne engendra
Soliloquio en dos alientos
En aras del fuego que nos consume

Cartas para la hoguera, Editorial Presagios, 1999.

Poema XIII
Vienes de las islas donde el mar nunca llega a tierra firme
Dices elegías que después aprendo:
“No creas en las llamas
Ellas mienten por no causar lástima
Cortan cada signo de lealtad
Hasta volvernos cuerpos”
Vienes de las islas donde el mar nunca llega a tierra firme
No escucho
Todavía pertenezco a imperios humeantes
A favor de estériles deidades
Que reptan en fulgores oxidados
Por no retenerse en los ritos del llanto
Entonas cánticos de antiguo asceta
Compartes el pan con las hormigas
Así, les platicas
Las últimas noticias de los vientos
Claroscuros
Una botella sin mensaje adentro
Los restos de un naufragio de algas y doncellas
Cuantos secretos se procrean en el húmedo sexo del océano
Vienes de las islas donde el mar nunca llega a tierra firme
Lejos del fuego
Que impide
Perpetuarte en las cenizas.

Presagios de ceiba y río, Editorial Mixcoatl, 1999.

Voy hacía el muelle,
cualquier navío te traerá de vuelta,
las gaviotas vienen a contarme
vaticinios de sirenas.

Aún queda fervor para otro día,
nunca es tarde para esperar lo amado.

Mar padre se compadece
y lleva a mis orillas
madejos de tu alma
a punto de extinguirse.

A la deriva del infinito, Editorial Estival, 2001, Venezuela.

Somos dos oleajes
Su explosión
En las bacanales del mar.

De la oscuridad a los vitrales, MC Editores, 2002.

El adiós
incuba la melancolía
y nuestras retinas
desempolvan
la oscuridad de los vitrales.

Reos del tiempo, MC Editores, 2005.

Para Juan Manuel Alfonsi

Hoy retome los antidepresivos de siempre
Pink Floyd calcina paredes con su llanto
Me atraganto de cerveza, fumo marihuana
Y miro la realidad
Personaje de vapor, malogrado

Un miedo incurable evoca mi elegía

“Los poetas se distinguen
Por delirantes, suicidas, desgraciados
Tú no eres diferente, pero
Andas como un jaguar en la bruma

Bruma donde custodias vestales rotas”

Al trasluz del espejo, Fundación René Villa, Argentina, 2010.

Me despierto y ni una sola costra se desgaja de mi faz,
taciturno añoro los brazos de mi abuela
en época de lluvia y repetía, No temas a los rayos,
toda tempestad trae consigo el ardor de la calma,
este día abruma a los infieles después del adulterio.

De mis manos caen residuos de sangre.
por el piso veo la pistola
que disparé a quemarropa, aún dormido.

Respiro entrecortado, las pesadillas conjugan con la muerte,
un vaso de whisky, ruptura aparente de la cruel melancolía,
el eunuco con el cual forniqué, dormita en el sueño de una doncella.

Veo el calendario, miércoles de ceniza,
evoco al niño que oía misa para ir al cielo.
repitiendo con tedio el rosario sin dispersar la niebla.
En mí, la autodestrucción se ha vuelto adictiva.
al mundo donde muestro la apariencia de un hombre sin prejuicios.

Los minutos se adueñan de los siglos,
desnudo, bebo un café combinado con alcohol,
las pastillas depresivas el vapor del agua empaña los espejos.

A la hora de afeitarme,
un Cordero se dibuja en la imagen del que no soy,
escribe sobre los vidrios, carcome tu carne,
sin mirar atrás sígueme, lleva tu cruz a cuestas,
abandona el precipicio. Despacio me arranco
llagas, sin pensarlo me ofrezco en sacrificio a la luz.

Poemas de suburbios y burdeles, Editorial La Cocuzza, Mar del Plata, Argentina, 2012, 2015.

Tomo un café, un cigarrillo aprisiona el alma,
Decido suicidar la bondad del lenguaje
E irme con las putas a husmearles los muslos.
Mal día, fricciones con el universo
Los burdeles hospedan orfandad,
Suena el móvil, mientras despojo
A la sexoservidora de sus panteletas,
Sin vos, estallan mis córneas
Raúl, me salvas de la caída al señalarme
Conmigo, nadie te decapitara,
No hay coitó, dejo los quinientos pesos en sus senos.
Imbécil, lloro entre calle y calle.
Llego a mi hogar, barriada de ciudad,
Mis adentros van somnífero en somnífero
Te aprecio por darme la cosmogonía
Del rey que defiende a un siervo en crucifixión.

Territorios de mar, Editorial Caracol Azul, Cancún, 2017.

Entre islas, el crepúsculo te difumina hasta golpear la difracción que nos condena a la ausencia, a esa ausencia salobre cuyo sabor calma los desvelos de dos naufragios en furia.
Marejadas percibo tu angustia consumida por el sargazo en un día donde los cayucos perdieron a su dueño y decidieron asirse a riberas porque nunca se acostumbraron al sudor de otros, prefiriendo el camuflaje, me uno a ellos. No quiero consagrarme a la santidad sin beberme savia ajena a tu cuerpo.
Océanos fallezco en la perfecta ironía, contradigo el bramar de Medusas y rocas que inscriben el sexo de un proxeneta nombrado Dios, ladrón de nuestros cuerpos en aciago litoral, amándose entre faros y escombros de luz.

Cartas para no sacrificar inciensos, Editorial Presagios Digital, 2019.

Percibo el olor a geranios exhalados por eternidades surgiendo de tus piernas.
Ante ti, soy Cavafis adolorido, el ciego que palpa un rostro en brasas.
Por eso, te escribo está tarde reiterando: aún tienta el olvido.
Ni los cigarrillos, ni mis manos temblorosas por tanto café entienden mi ansiedad de saciar mis instintos con los tuyos sin importar que después la amnesia hale todo roce.
Con denuedo, miro tu desnudez y pareces un semidiós extraviado entre los laberintos de mi celo.
Carne VS Carne.
Los geranios desisten a fenecer e invaden tu espalda. Beso sus pétalos uno a uno.
Cansado, decido sacrificar inciensos.
Te escribo porque las metáforas arropan tus caderas.
Como siempre Sabina invade mi nostalgia y los geranios permanecen en el aire mientras te aferras al desértico sexo.
Copulo con tu deserción y entiendo porque los viejos dicen que los relojes no fornican con ardides, ni con el mientras, quizá con un todo casi absoluto.
Tu fragancia se pierde.
Intento retenerte con tinta y la hoja de papel se apropia de los versos más obscenos de tu pelvis.
Los geranios se arrumban en el rictus del fenecer.
Emigras con ellos.

Reconocimientos

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