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Antínoo sin tiempo, Gabriel Avilés

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A unas horas de finalizar el año, mi mente se arrumba en ti, en tu sonrisa ruidosa, en tu piel de efebo cuya voz me entregaba versos y epitafios.

Todavía tu copa de vino se halla en la mesa y tu fotografía se deslíe en un ápice de lo que no fue.

Me embriago de pensamientos cuya dislexia se une a tus lejanos labios.

Antínoo sin eras

Te transfiguraste de peón a rey.

No hay jaque mate sólo resquicios de aperladas lluvias cubriendo el llanto de un hombre que te amo a ras de la inconsciencia.

Arranco la última hoja del calendario.

Pasionaria sangre invade la casa mientras embalsamó tu cadáver con mi estéril desamparo.

Afuera el gentío grita Feliz Año Nuevo y nosotros quedamos en vísperas del futuro para siempre yerto.

Imagen: Francisco Alzaga Nava.

Gabriel AvilésAntínoo sin tiempo, Gabriel Avilés
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Estrategas Sin Escudo, Gabriel Avilés

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Madre, el oráculo predice la destrucción de los santuarios mientras la finitud acicala nuestros pasos para infiltrarnos en diurnas batallas donde se difuminan mazmorras de permanencia.

Te pierdes, me pierdo, oscilamos.

Presuntuosa ciudad sin apellidos. Por ti convergen esencias y los rascacielos destruyen el candor de nuestros párpados, éstos se refugian en huestes del vencido o quizá del vencedor.

En las plazuelas, angustias presagian adioses, enajenan ideales, nosotros, estrategas sin escudo, afilamos espadas en contra de semidioses investidos con egolatría que disparan a quemarropa y reiteran un burdo testimonio, inhalando la inclusión de un mundo en bancarrota.

Somos profecías en alta mar con labios heridos entre engaños de una muchedumbre que lleva a cuestas holocaustos, sin embargo, tu voz resuena, la mía resiste, gritan al interior de una caracola premisas de luz.

 

Caer y elevarse, nuestro báculo y cetro.

Siempre triunfo nunca esclavitud.

Ni ceder, ni morir, nuestra causa: aferramos al grial de fortaleza, no de cicatrices.

Gabriel AvilésEstrategas Sin Escudo, Gabriel Avilés
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Las Flores Carnívoras Parecen Indefensas, Gabriel Avilés

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1

Escribo de nuevo a tu falaz lobreguez mientras Chad Baker me seduce con su música, los ventanales se deslíen por las hortensias que dejan su perfume  entre gavetas y el tono púrpura de los albores.

Te rememoro con la sutileza del viejo gato que acaricia mis pies para quitarme la absurda dependencia  a tu sexo, a tu boca de otoño, a tus jadeos después del jadeo y me embriago de ti y tu descendencia, esa descendencia que duerme bajo mi lengua.

Sabes las hortensias están cansadas, se alejan del  jazz para volver a mi llanto, que dice ante el mutismo, te encontrare aún en los pistilos de adustas flores cuya fuerza se extinguió por la mirada de una Lilith preñada.

2

Garabateo versos para anclar en tus flamas y me plagio las canciones de Silvio, “¿Quién fuera el mítico Simbab”, en mi caso, el Perseo cargando al infinito en acuosa transparencia, gota de llovizna cuya rueca se adentra a tus córneas para encallar en eclipses y no quedar en el puerto de los solitarios.

Te amé sin querer.  Me acostumbre a tu fragancia de Narciso que pedía con aullidos ser amado.

Hoy, lloro por los narcisos que nacerán en otros vientres y no en los nuestros.

3

Te escribo para despedirme, quizá nunca quise el aroma de las flores, prefiero el mar, la consumación de las olas mientras las gaviotas con sus alas pronuncian cualquier nombre menos el tuyo.

Esta tarde de abril, insiste en perder tus ojos entreabiertos, fumo un cigarrillo y las volutas que nacen de mis labios calcinan para siempre tu figura de barro donde hortensias, jacarandas y lirios reposaban  antes de emerger.

Sin embargo, prefiero sentir la arena a medio consumirse, un jazz cuya ruptura nace de las caracolas pero reconozco que aún tienta el olvido, ese olvido que me incita a recorrer por última vez tu pelvis de opio y ceniza.

No puedo, el salitre invade mi cuerpo con muslos desconocidos pero totalmente míos.

4

Salgo a la calles, con estos textos en mano, el cielo se despeja con mis lágrimas y en el parque los niños confunden mis versos con tierra. En tanto, miro el horizonte, estoy más solo que nunca sólo los cuervos reconocen la diferencia entre encono y muerte. Comprendo que las flores fueron el presagio que hoy me dispara a quemarropa, te reíste de mis vigilias, de las baratas metáforas que te ofrendé aún en los estiajes más indolentes.

No te culpo, las flores carnívoras también parecen indefensas.
Recupero mis escamas, la mar se asume en mí como el asfalto.
Hoy, dormiré sin prisa, sin miedo a que el olvido me tiente y despertaré con dos lorazepam en la mano y un vago intento por sobrevivir con  whiskys y  verdes inciensos.

Ilustración: Francisco Javier Alzaga Nava.

Gabriel AvilésLas Flores Carnívoras Parecen Indefensas, Gabriel Avilés
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Antínoo Sin Siglos, Gabriel Avilés

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1

Desconfío de tu pubertad

Cigarrillo en mano

Jeans ajustados para ver tus prominencias

Dices:

A cambio de una chela

Salvaje cabrío

Te invito  a un motel

No importa la tarifa

Desdeñas los miedos de este cuarentón

Abres mis ingles

Mientras mi saliva cae en tus pectorales.

 

Tóxico como el humus

Pago hasta que abras los ojos en mis brazos

Yo, rendido a ti

Proclamo esclavitud a tus dunas

Un beso me hace ovillo

Mientras una caricia se apropia de nosotros

 

2

Cervezas más, cervezas menos

Joven truhan que vende intimidad

A cambio de unos billetes

Te incubas

Anfibio deseo

Se comulga por tu vientre

Hostias descienden  a la boca

De un ebrio que se hunde entrepiernas

 

3

Altivo adolescente

Escupes el vaho de tus ósculos

Sobre mi epidermis que hierve

Al apropiarme  de tu semilla

Que trago entre plenilunio y plenilunio

Mientras la cerveza, perfecta excusa

Más allá de ti,

Erotizas tu pelvis sobre el mío

Gabriel AvilésAntínoo Sin Siglos, Gabriel Avilés
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Día Internacional de la Discapacidad, Gabriel Avilés

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Yo, no pienso en apariencia pero mi mente abarca las ideas del infinito.

No oigo, aún así, el viento, cómplice mío, me susurra la melancolía de las horas.

Juzgan mi ceguera, sin embargo, la lluvia con sus transparencias me hace vislumbrar viejos horizontes, de vidas pasadas o de una tarde acurrucado en el pecho de mi madre.

No hablo pero las palabras no agonizan en mis labios, al contrario, se liberan de sus estructuras y divulgan sin titubeos, mi vigilia y realidad.

No tengo control sobre mi cuerpo y pregunto: ¿Acaso el sol se mantiene estático?

La gente percibe sólo lo establecido, mientras en mí, el gozo, efervescencia sin límites derrota sillas de ruedas o cualquier impedimento que decline mi vuelo hacia el mar en su inalcanzable cosmos.

¿Por qué?

Nada puede amarrar a un guerrero a una esclavitud que no le pertenece.

El exilio es para los cobardes que a la primera caída se arropan de fracaso.

 

Gabriel AvilésDía Internacional de la Discapacidad, Gabriel Avilés
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Antínoo sin siglos, Gabriel Avilés

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Desconfío de tu pubertad

Cigarrillo en mano

Jeans ajustados para ver tus prominencias

 

Dices:

Invita a una chela

 

Salvaje cabrío

Te invito  a un motel

No importa la tarifa

Masturbas los miedos de este cuarentón

Abres mis ingles

Las besas

Mientras mi semen cae en tus pectorales.

 

Tóxico como el humus

Pago hasta que abras los ojos en mis brazos

Mi esposa espera

Yo, rendido a ti

Proclamo la esclavitud a tus reflejos

 

Un beso me hace ovillo de tu sexo

 

Mientras la sodomía se apropia de nosotros

Gabriel AvilésAntínoo sin siglos, Gabriel Avilés
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De Golpe al Vacío, Gabriel Avilés

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Me despierto y se desgaja mi faz,

taciturno añoro los brazos de mi abuela

en época de lluvia cuando repetía: No temas a los rayos,

toda tempestad trae consigo el ardor de la calma,

este día abruma a los infieles después del adulterio.

 

De mis manos caen ampollas.

 

Pesadillas se conjugan con la muerte,

ruptura aparente con la cruel melancolía,

el efebo con el cual forniqué, dormita en el sueño de una doncella.

 

Veo el calendario, miércoles sin ceniza,

evocando al niño

repitiendo con tedio el rosario

y después de 45 años.

En mí, la autodestrucción es adictiva.

Los minutos se adueñan de las eras,

desnudo, bebo un café combinado con tabaco,

las pastillas depresivas y el vapor del agua empañan espejos.

 

A la hora de afeitarme,

un filo dibuja la imagen del que no soy,

escribe sobre vidrios,

me abandona. Despacio arranco

Supuras, sin pensarlo me ofrendo en sacrificio.

Solo

Con el corazón envuelto en púas

Retorno al círculo de la muerte

Nadie me acompaña, incluso

El tiempo retorna a su hedor

 

Mi vientre arroja malas palabras

Nada por hacer

Ciego

Mutilado de las piernas

En una mano llevo vestigios

Y en la otra lágrimas

Exhalo

Nocturnas inmundicias

Mientras mi alma se sumerge

En eternos suicidios

 

Los días distorsionan

Mi inútil voz y la asen

Con desprecio

De golpe al vacío

Asesino en serie,

Bruma y tormenta se condensan

Conjugando verbos en pretérito

Mientras una liturgia sale de las fumarolas

Del cigarrillo y guardo el sufrimiento.

Los crustáceos se denigran en cuaresma,

Un daguerrotipo se amarra a la espuma,

Vierte en mí

El tragaluz de un laberinto hasta saciar

Calendarios que borran este día con oxido

Mientras beso con fiereza retazos de fuego.

Y sigo

De

Golpe

Al

Vacío

Gabriel AvilésDe Golpe al Vacío, Gabriel Avilés
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Conmiseraciones, Gabriel Avilés

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Me quedo sin nada

Todo se violenta

Versos exprimen  conmiseraciones

Y se van a las calles

Para buscar indigentes que entiendan mejor su identidad

Me destierran de sus vísceras

Cualquier ebrio los toma como suyos

Mi esencia se degüella

Por un hombre cuyo trabajo

Le asfixia el sueño de cada día, de cada noche, de cada segundo

Y el 3.14 quiebra mis huesos

Mi voz desaparece al tomar el Rivotril de los perdedores

Esas cápsulas llenas de resignación

De trabajar con maniquíes sin cerebro

En un espacio de 4 x 4

Donde las heces de lo cotidiano

Se amoldan a mi boca

Y la rancia imagen de verme dando clases sobre Girondo

A jovenzuelos con vigilias y balbuceos

Se convierte en agua

Me rendí

Quede sin espíritu

sin verbo

sin fe

Hasta la muerte me parece ilusa

Mi carne se pudre

Gusanos hacen su manjar

Hasta convertirme en lodo

Y no el poeta que sepulcré antes de ser feto

Gabriel AvilésConmiseraciones, Gabriel Avilés
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Ciudadelas de arena

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1

Te niego más de tres veces,                                                                                                                                          Ni siquiera el sargazo te hunde con su dolor                                                                                                           Dicen todo pasado es mejor                                                                                                                                             Y hago mía esa frase

Te niego pero no a tu espalda con olor a mar

Y aquella luna que sumergió su memoria                                                                                                                        entre jazz y vino tinto

Evocando a Girondo                                                                                                                                           mientras los versos transpiraban océanos                                                                                                                      y Cancún moría en ciudadelas de arena.

2

Escribo liturgias entre las hebras del agua,
ella refleja mi autorretrato
que se resigna a inmolarse en púas
y repetir como sicario en crucifixión:

Te niego
Me niego
Nos negamos

Después disparar a quemarropa,
el insulso sudor de tu entrepierna
Permanece en mis labios como un Cristo sin pubertad

Mientras rechina los dientes

3

Para mi amigo el poeta Roberto Cardozo.

Me nombran la desterrada
Madre de un Caín en adopción
Y hembra de un Adán en brama, enfermo, cansado
De los consejos de un Dios
Mitómano, implacable, cediendo siempre
A la pubertad de su Alter Ego

Me llaman Lilith
Matrona de Babel circuncida por agua
Mientras un súcubo se arraiga
A mi himen

Me dicen la que nunca fue
La ilusa que vive al ras de la llovizna y su delirio.

4

Para olvidarte
Necesitaría quebrar el jazz en sus destiempos
Diluir la mar en charcos ajenos al salitre y al amor propio
Dejar a Sabina, Aute y Silvio
En una botella de ron con cianuro y ácido
Fragmentar mis versos por abyectos litorales y así menospreciar la cadencia de un susurro que se aferra a tu oxidado espectro

Ser el decapitado de tus insomnios                                                                                                                           Para olvidarte necesitaría aflorar en un hombre feliz                                                                                                    Y no en la urgencia de este moribundo que te respira esperando,                                                                  Esperando siempre, la nada del tú en ti

5

Ilusoria gravedad
Pernocta en salitrosas llagas
De este insalubre amor,
De este amor que se resguarda en sargazo
Para no mirar el reflejo de tu cabrío sexo
Confinado a aperladas exequias

6

Un poema sencillo sin mayor pretensión que ser poema.

Cómo explico a los incrédulos
Que de mis vestigios nace el mar,
Que las caracolas toman mi voz para cantar a las gaviotas
Y que mis manos hacen  olas, arrecifes y cielos

Cómo confieso a los escépticos
Que mis ojos matizan todo  azul
Y arrancan los caireles del atardecer
Con el salitre de mis versos

Cómo me sincero ante ti
Que no entiendes mareas incendiarias
De la simplicidad de soles vertidos en lagunas
Al sentir la desnudez de una caricia                                                                                                                                Karaba Tegui
Que sin explicar nada, me das la etérea fragilidad
De un amor entre litorales

 

7

Al final del todo
Seré polvo impregnado
En los rincones de una barca,
En los libros que nunca fenecen
Al final mi cruz usará el océano
De los adioses cuyos clavos
Palparan tus lágrimas
Mientras te beso como una sinalefa al aire.

Gabriel AvilésCiudadelas de arena
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Antínoo sin islas

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1

Quiero degustar tus pezones casi pueriles

Mientras mi boca se encuna en ellos

Hasta sentir la sal de tus poros

Antinoo sin islas

Con mirada húmeda y turbia lengua

Te adentras a mis cavidades

Con fiereza de tigre que se encierra en flamas

2

Voy a tu sexo tímido, inocente

Casi sin follaje

Tiemblas

Mis manos son oráculos de un principio

Y la vasija donde caerá tu primera simiente

Tu piel, ángelus junto a mi coraza cicatrices

Me inmolo como niño apenas salido de su madre

Así darte el ébano de mis raíces y curvaturas

3

Soy Adriano, el  invencible

Guerrero de mil horizontes

Asesino de reyes y bastardos

Imperios que a mi paso

Muerden la tierra donde trajino

Besando mis pies con arcilla

De la última guerra

Pero tú, niño de mediterráneos

Destruyes toda fortaleza

Cuando tus belfos

Hacen que mi torso

Sea un vendaval en

Tus montañas

4

Efebo sin macula

Al hacerte mío

Carne de mi carne

Guerra de mis guerras

Tu virtud se deprecia

Antínoo, vestigio del alba

5

Antínoo

Cada imperio enaltece tu nombre,

Islas se sumergen en tus ojos

Cada vencido antes de su muerte

Dice tu linaje

Hay de aquel que blasfeme de ti

Sus gónadas ruedan por los ríos

Porque la joya más exquisita

Que traigo cual hiedra sin pausa

Eres vos, mi hombre chiquillo

6

Yo, Adriano

Reto al mar

que me trae tu insurrección

nada te detiene

y me abrazas

como la ola que hace suya al litoral

Desafío al mar y te quiero

Me convierto en tritón

para encallar en tu sal

Provoco al mar

éste me obsequia viejos riscos

y me acerca al pudor del sargazo

 

Soy tu arena

mi cuerpo cabalga acantilados

las gaviotas avivan arrecifes

nacientes de mis labios

donde mueren y renacen oleajes

7

Antínoo

Gaviotas en su vuelo

Traen lágrimas de los oráculos

Tus ciudades se deslíen por taludes

Vulcano se inviste de arena

Besa tu entrepierna

Me aterro

Sorbo tu sangre

Y el semen apenas perceptible en tus ingles

Querido niño

Tu miedo se va con los moluscos

Así la muerte cae en descuidos

Llevándose a los peces a su laberinto

Mientras los pelícanos destruyen en tu honor

El temible fervor de las gaviotas

8

Semidesnudo

Sientes mi diatriba

Que se adueña de tu ser

Para acicalar el semen por tus muslos

Acostumbrados a los alientos

De un guerrero en tiempos de paz

9

Al otro vértice del caos, te hallo como una boreal pincelada que se adentra a mis párpados hasta corroer mi oxidada tibieza, aquella que se escondió en paradigmas, en una fe cortada por otros, en el ojal de una fumarola convertida en llanto mientras el tiempo, cobrizo metal se inyectó en mis letras, condensando la ansiedad del infortunio pero en este imperturbable octubre y  bajo el prodigio del cosmos, te penetro

Gabriel AvilésAntínoo sin islas
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