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ARAGÓN El Caballero, el Dragón, la Damisela Y la Rosa (PARTE 1), ALEJANDRO ROMANELLA

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“Desperté, confundido, en medio de la densa oscuridad. Los grilletes, que otrora me sujetaban las manos compulsivamente, se hallaban sueltos. Me las arreglé para tantear mi cara hasta lograrme quitar el vendaje que me nublaba la vista. La luz me lastimaba, ya que las visiones del despreciable mundo a mi alrededor eran tan insoportables que entrecerré los ojos para poder desplazarme. El dolor de cabeza se incrementaba a medida que recorría el castillo en el que me encontraba, en búsqueda de algo que me hacía falta.

Pero ¿qué estaba buscando? Apenas si recordaba mi nombre. Todas mis ideas convulsionaban en la tormentosa corriente de mis pensamientos. Todo era caos, desordenado y nubloso; al menos, hasta que ella apareció.

Ella, tan hermosa, pulcra e inmaculada. Una doncella de cuento de hadas, que danzaba de aquí para allá, con una sonrisa que parecía calentar mi piel más que el sol de verano; terminó por hipnotizarme con sus agraciados movimientos de musa. Cuando me vio, detuvo aquel ritual onírico y me sostuvo la mirada, respondiendo a mi total desconcierto con el más bello de los rostros, como si me conociera de toda la vida.

Para mi infortunio, antes de poder mediar palabra, una bestia salvaje y endiablada se manifestó de entre las sombras del lúgubre castillo. Aquel dragón era enorme, repugnante e impío. Su aliento, entremezclado con azufre y fuego, escupió una orden directa a la mujer, cuya sonrisa ya se había desvanecido:

–¡Cumple tus obligaciones, esclava!

Ella corría con pequeños saltos, reanudando lo que parecía ser una amarga tarea impuesta por la horrible entidad que fungía como su dueño. El dragón, escupiendo fuego a diestra y siniestra, disfrutaba del terror que infundía en su sierva. Intenté accionar mi cuerpo, pero éste decidió traicionarme, impidiéndome el movimiento. De todas formas, tan repentinamente como había llegado, la endemoniada bestia se escabulló entre las sombras de las que había emergido.

La mujer, que bien podría haber sido la princesa de aquel castillo, sollozaba a causa del penoso encierro que sufría. Mi corazón se quebró a medida que mi enojo se encendía como una llamarada en un bosque seco. La ira que me embriagaba terminó por recordarme la razón de mi encierro: yo también era preso de aquel dragón, condenado con grilletes y ceguera continua, a pudrirme en los confines de un asqueroso templo a la inmundicia.

Si, yo era Francisco Aragón, caballero de la Santísima Orden de la Rosacruz, enviado para rescatar a quien yacía esclavizada de la impía bestia. Y, justamente como ella, yo también caí en el cautiverio, fallando la misión con la que había venido al mundo.

Pero ahora era distinto. Yo ya era libre; mis cadenas desatadas me concedían una segunda oportunidad para redimirme a mí y a la mujer que me necesitaba. Por suerte, el dragón no se había percatado de mi presencia, por lo que me fue fácil escabullirme hasta la armería y tomar una afiladísima espada.

Me deslicé por los húmedos pasillos interminables, adentrándome en la densa tiniebla en la que el asqueroso animal vivía. Por suerte, lo encontré dormido. A su lado, recostada en el suelo, vislumbré una enorme botella vacía, seguramente bebida en su totalidad por la briaga serpiente.

A pesar de que el eco de sus ronquidos revoloteaba el recinto, la bestia dormía plácidamente, con la seguridad de su poderío incuestionable. 

Me acerqué, tomando la espada con ambas manos por encima de mi cabeza, y azoté un golpe certero, tan violento, que traspasó la gruesa piel escamosa de la feroz serpiente alada, hasta clavar el filo de la hoja con el duro suelo. El dragón lanzó un alarido que me hirió los oídos. No puedo negar que aquello me heló la sangre. Sin saber qué más hacer, corrí hasta mi celda y tomé los grilletes y la venda que me habían aprisionado, pero que esta vez servirían para contener al dragón.

Cuando regresé, me alegró encontrarme con que mi espada se había clavado tan fuertemente en el suelo que el dragón no lograba escapar, por más fuerza que pusiera. Eso me ayudó a someter a la bestia hasta hacerle lo mismo que se había hecho conmigo. Triunfante, grité de alegría, vociferando el nombre de la doncella que acababa de salvar.

–¡Isabela! ¡Venid a ved que vuestro caballero os ha salvado! –le grité, recordando por fin su glorioso nombre. Al verla entrar, alcance a distinguir el horror que poco a poco le trastornaba el rostro hasta contorsionárselo en expresiones horripilantes. Isabela aulló grotescamente, desesperada, aleteando con los brazos como si no supiera cómo reaccionar.

Confundido, vi cómo la mujer a quien yo acababa de salvar corría a socorrer a su captor, en vez de entregarse a mis brazos. Cuando sus manos forcejeaban con la espada que yo mismo clavé en el dragón, una nueva oleada de furia me recorrió la columna, de modo que no pude contenerme más.

Tomé la espada y con mi inconmensurable fuerza, la desenterré de la moribunda fiera. La damisela comprendió que yo me había dado cuenta de que en realidad ella no era presa del dragón, sino su amante.

¿Cómo pude ser tan ciego?, me pregunté. Mi misión era una farsa, orquestada por las caóticas fuerzas del destino. Nada tenía sentido, todo era confuso y doloroso. La mirada asustada de la mujer lograba hacerme enojar aún más.

No me di cuenta de que le había rebanado el cuello de cuajo hasta que vi la sangre chorreando a borbotones, como una violenta fuente escarlata. Un lago carmesí me encharcaba los pies descalzos, y fue entonces que logré sentir el calor de mi crimen. Pasé de la ira estruendosa al tierno arrepentimiento. Me conmovió la inexpresiva mirada del cuerpo sin alma de Isabel, arrumbada en el piso, como un monumento a mi arrebato ilógico.

Pero antes de que pudiera siquiera acercarme a ella, el endemoniado dragón escupió los grilletes y el vendaje, liberándose del precario encarcelamiento que yo le había impuesto. Intentó asirme por el cuello, pero yo fui más rápido, y me apuré hasta encontrar la salida de aquel castillo de locura.

Corrí por horas hasta alejarme lo suficiente para no tener que preocuparme con ser alcanzado por la herida bestia. Fue hasta que me detuve, y que el corazón se me volcaba del pecho, que pude reflexionar en todo lo que había pasado.

¿Un caballero asesino? Aquello es indigno de mí y de la Santísima Orden de la Rosacruz a la que pertenezco. ¡Qué vergonzoso un amor tan grande que logró derribar a un dragón, pero tan débil que le costó la vida a una pobre mujer!

Le mezcla de autocompasión, pena y odio, sirvieron como un crisol para terminar de fundir mis memorias.

Al final de todo, ¿sería justo permitirle a la rosa más pura vivir a la merced de la injusticia?

¿Qué mejor para redimirme y recuperar mi honor de caballero que erradicando el dolor de este mundo?”

Gabriel AvilésARAGÓN El Caballero, el Dragón, la Damisela Y la Rosa (PARTE 1), ALEJANDRO ROMANELLA
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Instrucciones Para Escribir Un Poema, Mariel Turrent

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Los ejercicios de creatividad suelen ser un excelente detonante para la imaginación. El arranque perfecto para el bloqueo del escritor que se encuentra petrificado frente a la famosísima página en blanco. Además, estos funcionan de maravilla para que el autor se salga un poco de su cuadratura, lo invitan a ampliar su vocabulario y a probar nuevas formas.
Recientemente en el Taller de Malix Editores realizamos el siguiente ejercicio, la idea era hacer un poema con el vocabulario de una tarea cotidiana. Y las instrucciones iban así:


1. Piensa en algo que quieres decirle a una persona, pero no lo has hecho por alguna razón.

2. Piensa en una tarea que realices de forma cotidiana como lavar platos, escribir en la computadora, bañarte, etc. Incluso puede ser una acción trivial como romper papeles, recoger un vaso roto, hacer las maletas, ordenar los cajones de un mueble, etc.

3. Escribe lo que pensaste en el punto 1 utilizando las palabras del punto 2.

Los resultados son casi siempre fantásticos. El escritor suele dejar a un lado sus muletillas, los lugares comunes, los sentimentalismos y se centra en la difícil tarea de crear el subtexto. Ejercita su mente buscando imágenes originales, diferentes, dándole nuevos significados a las palabras. Sin querer empiezan a crear símbolos, metáforas, a hacer comparaciones, a utilizar la metonimia, la alegoría.

Pero no todos los autores quedan muy felices con el resultado. Sobre todo los que suelen cortarse las venas, verter la sangre en el tintero y escribir con ella la causa de sus heridas. Esta nueva forma de escribir les parece más que la realiza la mente a diferencia de su poesía escrita con el corazón. Y yo a esto les digo que sin duda la poesía debe empezar con un sentimiento, pero es un oficio, un arte, que para que pase de ser una catarsis y se convierta en literatura, es necesario que pase a manos del ingenio, que sea la mente quien la trabaja y la desprende del sentimentalismo del autor para convertirla en un mensaje universal, que se regala al mundo.

No me extenderé más. Mejor los invito a intentar el ejercicio, y a enviarme sus poemas y sus comentarios al Facebook de Malix Editores. Mientras tanto, aquí les dejo el mío.

Entre tus verdes
Mariel Turrent

Cuando riego el jardín
pienso en ti
blanca flor de mayo
En los pequeños rehiletes
con los que adornas el suelo
de perfume intacto
Pienso en ti
cuando la transparencia del agua
ilumina el follaje
cuando vuela el rocío al sol
y un fugaz arcoíris pinta tu nombre
Si los pájaros bajan
a bañarse en los charcos
la tierra me descubre
la aromática humedad del ensueño
Entonces te veo correr empapado
entre los verdes ingenuos
tu sonrisa tropezando en carcajadas
Mientras riego el jardín por las mañanas
sonrientes sueños van trepando
por la enredadera de mis recuerdos
Alcanzan las copas de los árboles
y desde ahí
veo contigo el cielo

Nunca te he dicho que cuando pienso en ti
los verdes me dan un respiro
Las humedades perfuman el resto del día
mis pájaros son pensamientos
y cantan con percusiones líquidas
sonajas de ramas
Por eso en las mañanas riego el jardín
Para contigo
vestir de verde el día.

Gabriel AvilésInstrucciones Para Escribir Un Poema, Mariel Turrent
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Un origen, un exilio y un reencuentro con Milan Kundera, Norma Salazar

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Milan Kundera nació un 1 de abril del año 1929, Brno una ciudad innovadora de la República Checa. A partir del año 1975 vive en Francia para el año 1985 se le otorga la ciudadanía francesa. Kundera como buen eslavo hace un repaso, no actúa como disidente, como un declarante de las hecatombes ulteriores que tuvo la primavera roja de aquella Europa central más directo a la extinta URSS;  ha desentrañado a través de su caja-memoria los convulsos acontecimientos del siglo XX, con una sólida obra ha escrito bajo las lenguas checa y francesa a través de su valiosa experiencia con una larga travesía por otras naciones. Kundera resiste el hecho de ubicarse en otra patria, medida ajena a su propia voluntad, lo nombró en su momento “Acto de libertad” sin perder la cordura de lo traumático al contrario va reescribiendo de forma sagaz la paradoja de la pertenencia a sus orígenes. En sus inicios literarios se opuso al régimen de su país primordialmente en los temas culturales, las políticas culturales esto lo llevó a escribir La broma (1950) señala el declive del socialismo checo rememora los apuros de una sociedad invadida de corrupción. Este libro fue muy bien acogido a nivel internacional siendo todo lo opuesto en la antigua Checoslovaquia, pues, fue censurado y en el año 1975  fue señalado “persona non grata” obligado a abandonar su nación. Ya, en su exilio escribiría otro contundente título La insoportable levedad del ser (1986) su narración nos envuelve aquella Checoslovaquia comunista y existencialista y menos política, adonde su destreza escritural es por mucho más sensible, refleja el espejo de la desventura humana; en un cosmos en el que absolutamente nada y de que nadie pueden estar seguros mucho menos de sí mismos. Ésta miseria humana la confronta como un  leitmotiv, reitero amable lector, con una nueva escritura un nuevo ciclo en su exilio Milan Kundera afirmó en su momento

“Francia es lo que yo elegí es mi libertad, mi amor. Hace ya siete años

que podría volver a vivir donde nací. Si la vida humana durara

doscientos años, sin duda hubiese elegido compartir mi vida

entre estos dos países. Pero la vida es corta y yo escogí mi libertad

a mis raíces. Si escribo hoy en francés, esto no quiere decir que el

francés haya reemplazado mi lengua materna. Ella es irremplazable,

surgiendo de mi boca antes de empezar a pensar. En cada francés,

cada francés es una búsqueda, una conquista, todo es consciente,

nada va de suyo, cada palabra  es pensada mil veces, todo es aventura,

todo es apuesta. La lengua checa me dice: ¡vuelve a casa traidor!

Pero no obedezco. Prefiero quedarme en la lengua de la que

estoy perdidamente loco de amor”

 

Francia lo ha hecho feliz. Un día dejó Praga se preparó mentalmente para vivir un exilio acompañado por la tristeza por la pérdida de aquél Milan Kundera, pero ¿Por qué se mentalizó con esa premisa? Para comprenderlo debemos analizar en términos psicoanalíticos el origen del sujeto, Jaques Lacan “el inconsciente está estructurado como un lenguaje”, es decir, el inconsciente es el discurso del Otro YO, por ello, nuestro novelista checo puede interpretarse que su lengua materna y la cultura natal es su espejo interior el más honesto.

En términos lacanianos señala que el significante, es decir, la lengua es el resultado de una prohibición, ésta ley prohibida -lo vemos atento lector-, como un incesto cardinal, incesto hijo-madre, reitero, a partir del NO prohibición en la ley del significante que se refiere a lengua-madre, Lacan en el Seminario 10: La angustia lo nombra rasgo unario que está excluido de la creación no puede existir, es aquí, “primer lugar ausencia a partir del cual de allí todo se ordena” en caso particular. Milan Kundera prestar atención es una víctima por la censura de su natal Checoslovaquia pero redescubrimos que nuestro escritor es OTRO, sí, déjeme enfatizar él experimenta en EL OTRO puede convivir diferente, ahí, a partir de su nueva lengua la francesa se ve como un escritor francés. El punto, una descripción de contenido escritural nuevo, la idea de pertenecer a otra familia reemplazando la otra grafía de sus padres va un estado más elevado. Para Sigmund Freud ésta sustitución entre la correspondencia incestuosa con sus padres y por supuesto a la extranjeridad es tan SOLO una diferenciación con su OTRO YO que está muy marcada en su obra literaria La ignorancia (2000) donde sacude el tema del exilio con sus bemoles, los reconcomios desencontrados al retornar al país de origen asociado a interrogantes de la ¿Noción de patria?  ¿Cultura propia? Dos interrogantes muy complejas La ignorancia hace un informe inquebrantable completamente ignorado por el sujeto con sus orígenes aventajando el contexto  lógico-político sin descuidar el sentido de pérdida accede rotundamente en dar a conocer la coexistencia humana asimismo leemos la experiencia de Irena quien emigra a Francia por la represión del año 1968 revindica una nueva vida, su nueva identidad en el exilio es obvio retrata una escritura autobiográfica. La caída de la cortina de hierro. Irena decide regresar a su país por consejos de sus amigos franceses, ya que saben que ella tiene una profunda nostalgia por no estar en su país, convencida por sus amistades regresa a Checoslovaquia encuentra a una Checoslovaquia transmutada ahí su encuentro con Josef también emigrante, ambos personajes comparten un sentimiento del aciago al estar de vuelta un sentimiento referente a sus orígenes. Termino ávidos lectores Milan Kundera hace énfasis a una ambigüedad que está conectada con la lengua y sus raíces qué no está excluido por el exilio, si bien, esta visible por los emigrantes sus pasados a pesar de estar fracturados.

“en las calles, rodeadas por los checos, el aire de una antigua

familiaridad la acariciaba, y por un instante, la hacía feliz. Más tarde, se sentía

una extraña que quedaba en silencio”

Gabriel AvilésUn origen, un exilio y un reencuentro con Milan Kundera, Norma Salazar
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Un volteón en Campeche, Jhonny Brea

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Nada como tener el respaldo de la tribu cuando se trata de aplicar la Estrategia Integral de Defensa de la Quincena. Sin saberlo, formamos parte del 60 por ciento de la población que no compró nada en El Buen Fin, al menos nada que estuviera en “oferta” a 20 meses sin intereses y que se echa a perder a los tres. Eso sí, tuvimos que huir y lo que no se va en llantos se va en suspiros; pero ahora sí que lo bailado nadie nos lo quita.

Honestamente, la perspectiva de tener a la tribu encerrada durante el puente no era nada halagüeña, así que lo mejor fue planchar la ropa de invierno que había quedado húmeda (ustedes saben, las labores propias de mi sexo), a fin de prevenir el mal olor y que todos estuviéramos listos para enfrentar la heladez. Procuramos suficiente bastimento en la panadería, y entonces empezó el drama.

“¡Me gusta que la pasemos así, pero ¿a poco no se antoja un escotaffí de Pomuch!”, soltó La Xtabay, que curiosamente se esperó a que mi taza de chocolate estuviera asentada sobre la mesa. Rápidamente, El Kizín secundó con un “¿y si nos lanzamos a Campeche?”. La Cutusa, por su parte, comenzó a golpear la mesa rítmicamente mientras decía “Cam-pe-che, Cam-pe-che”, así que sospecho que traían bien armado el golpe de Estado. Sin esperar mi respuesta, mi dulce tormento me alcanzó su teléfono con la disponibilidad de hoteles y precios; ya tenía todo listo para hacer la reservación, y luego disparó: “Yo doy una noche”.

Obviamente, ante esa embestida, ni siquiera un avión de la Fuerza Aérea hubiera podido sacarme, ni valía la solicitud de asilo. Resignado, como buen macho omega grasa en pecho, espalda peluda, nalga laminada, abdomen de lavadora y bebedor de cerveza light, suspiré y asentí.

Vamos por partes: en lo que estábamos de acuerdo La Xtabay y yo era que no valía la pena salir de compras; primero porque no vimos publicado nada de lo que necesitamos, segundo porque tampoco nos pareció encontrar descuentos reales o imposibles de hallar en otra época del año (3×2 en vinos y licores, por ejemplo). Pero encerrarnos en casa no iba a funcionar para nadie. Segundo: Aunque no hay mucho contacto con la parentela de Campeche –aquí no hay cuentos: peninsular que se respete tiene parientes en los tres estados– la relación es cordial y la pasamos bien juntos, así que una visita resultaría bien. Tercero: las dimensiones del comercio en Campeche son mucho menores que en Mérida, así que habría mucha menor presión sobre la cartera. Por último, comer pescado y mariscos, o cochinita estilo Hecelchakán o pan tradicional en la urbe amurallada, además de variedad, es una experiencia que se le desea a todo ser querido.

La expedición se armó rápidamente, como podrán imaginar. Nada más desayunamos y abordamos la poderosa nave, decididos a pasar un verdadero buen fin. El trayecto no tuvo mayor complicación, pero cuando comenzó el hambre, iniciaron las aventuras y uno que otro desazón.

Por alguna extraña razón se nos ocurrió comer en los restaurantes de la entrada, sobre el malecón. Aquí uno comprende que la estrategia de competencia en estos negocios es contratar a individuos que desprecian su propia vida y hacen todo para evitar que quien entre en automóvil al estacionamiento vaya al lugar que le dé su muy real gana. Debe ser parte del carácter peninsular porque igualito te hacen los vendedores de “artesanías” en Chichén Itzá.

La competencia tampoco se les da en cuanto a la cocina; el menú es más o menos el mismo, con alguna ligera variación. A La Xtabay se le antoja el vino blanco con los camarones, pero ninguno de esos restaurantes pasa de ofrecer cerveza. Eso sí, esta vez nos tocó variedad; primero, la estudiantina de la UNACAR que pasaba a pedir una cooperación para llegar a Mérida. Supongo que los fondos universitarios están en plena austeridad y los directivos harán pronto el anuncio de que se bajarán el sueldo, como en la UADY, porque creo que los pobres tunos deben estar estancados en Tenabo a estas alturas.

El segundo show fue un espectáculo “de imitación” del que La Cutusa concluyó que más bien era de parodia, pues aparte de los malos chistes, el “animador” interpretó a Luis Miguel, Armando Manzanero y Ana Gabriel, todos con voz de Valentín Elizalde (al único que sí imitó).

Siquiera comimos rápido porque aquello era un tormento. Eso sí, nos mantuvimos decididos a tener un buen fin y lo logramos, pero les sigo contando a la próxima.

Fotografía de Centro Urbano

Texto tomado de La Jornada Maya con permiso del autor.

Gabriel AvilésUn volteón en Campeche, Jhonny Brea
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El divorcio en seis estampas, Joaquín Filio

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I

El árbol no está listo. Alguien, quizá un vecino molesto, o la dependienta de la papelería, llamó a servicios urbanos del Ayuntamiento. Es increíble lo eficaces que resultan para destruir estas personas. Llegan los hombres, uniforme caqui, sierra en mano, cascos industriales y una dirección de extraña ortografía. “Debe ser éste”, dicen, calle treinta y uno D, de dedo, D de daño, D de dolor, número dos tres siete. Son las once de la mañana un día de 1998. Los hermanos miran desde la ventana. Les sorprende el filo de la sierra, las manos duras y grandes de los trabajadores. “De una vez”. El rugido se parece tanto al de la licuadora que, por inercia, el mayor se lleva las dos manos hacia los oídos. El hermano menor, por el contrario, quiere verlo todo, quiere oírlo todo. Alguien debería llevárselo de ahí.

II

Tom persigue a Jerry, por no decir Silvestre a Piolín o Destructor a las Tortugas Ninja. Realmente podría ser cualquiera, pero en esta ocasión, tratándose de día hábil, la matiné de caricaturas entre semana ofrece a Tom y Jerry. Lo primero es que Tom no molesta a nadie. Él duerme sobre la alfombra después de recibir una caricia de sus amos. Sueña con atunes bailando fuera de sus latas. Lo segundo es que Jerry de naturaleza marginal y bonachona, ha decidido almorzar una rebanada del queso Monterrey que guarece en el refrigerador. Tom lo mira y se aproxima lentamente. Tan lento como sus capacidades de dibujo animado lo permiten. Entre los agujeros de la casa Jerry se filtra, divaga un poco, planea un escape. Salir de la madriguera, improvisar con libros una escalerita, tomar el queso y volver a casa. Oh, dulce hogar. Pero los ratones nunca analizan lo suficiente, son agentes de la persecución y terminan muertos, atrapados en un pantano de pegamento. En cambio los gatos son suicidas y autosabotistas. Una palabra que se aprende cuando dejan de importar las caricaturas: autosabotaje.

III

Se necesitan dos huevos, leche entera, mantequilla y harina fina de trigo. Primero los huevos deben romperse. De ser necesario, la fractura podrá realizarse sin dejar lugar a los remordimientos o culpas. La leche sirve para darle cuerpo al desorden. Y la mantequilla simplemente para que resbale, como un recuerdo agridulce disolviéndose. De la harina no es necesario decir nada: ella sabe que su oficio es desmoronarse y lo hace bien. Después de diez minutos de cocción, la madre llamará a los hermanos. El desayuno está listo, sin importar que sean las tres de la tarde.

IV

El más triste de todos los juguetes es Blue Demon. MonsterTruck y Hombre Araña lo consuelan mientras derrama esas lágrimas de luchador por el suelo del cuadrilátero. Blue Demon sabe que Konan el Bárbaro está perdido. Ellos dos fueron compañeros de aventura durante largo tiempo. Juntos acabaron con el imperio insufrible de Max Steel, después de aplastar a un ejército de Hielocos. Juntos rescataron las piernas intercambiables de Pegaso y juntos también fueron sometidos a una masacre de crayones. Blue Demon está triste, tristísimo. Dice que la última vez que vio a su amigo fue a la mitad de la repartición de las maletas.

V

La noche anterior comenzó hasta la madrugada, cuando después de comer unos tacos de pastor y darle vueltas infinitas al parque, los hermanos cayeron por fin, rendidos de cansancio. Esa noche la madre sueña con papeles gigantescos que la rodean y la cuestionan. De tener un encendedor lo haría todo cenizas, estaría dispuesta ella misma a crear una fogata del tamaño de su hogar, del tamaño de su memoria. El padre, por el contrario, decide no soñar. Soñar es el deseo de los insomnes y para eso se requiere tiempo, cosa que a él no le sobra. El padre, por el contrario, decide husmear en el laberinto de fotografías que se apilan sobre la mesa. “La mesa me la quedo yo” piensa, antes de mirar por la ventana la aurora del amanecer.

VI

Pensaron que no estaría listo. Cuando lo compraron en aquel taller de mala muerte no servía para nada. Había que cambiar las balatas, el sistema de escape estaba podrido y el aceite se filtró en los ductos del agua. El padre lo llamaba la carcacha. La madre, puntual como siempre, utilizaba el nombre de catálogo Datsun Nova de mil novecientos ochenta y tres. Después de cinco años y algunos miles de kilómetros, el auto estuvo listo. Lograron subir las maletas con ropa y las cajas llenas de recuerdos. Los cosméticos en bolsas, los jarrones envueltos en papel periódico. Nunca confiaron en que el auto estaría listo cuando la madre giró la llave desde el cerrojo. Dudaron, todos, del arranque. Pero ahí estuvo, sobrio y dispuesto a travesar las calles nocturnas de la colonia, que los hermanos ahora mismo abandonan a vuelta de rueda. “Objects in mirror are closer tan they appear” alcanza a leer la madre desde el espejo lateral. Objects in mirror quisiera decir en voz alta, pero prefiera quedarse callada. Paulatinamente callada.

Gabriel AvilésEl divorcio en seis estampas, Joaquín Filio
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Letras para tu panóptico mirar, Mar Gómez

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CALAVERAS LITERARIAS 

Una forma irónica y satírica de expresar nuestros sentimientos e ideas a familiares y amigos en vísperas del día de muertos, es sin duda mediante la antigua tradición poética muy mexicana de escribirles una “calavera literaria”. Costumbre de nuestro acervo cultural que surge a finales del siglo XIX, como una expresión critica del pueblo contra la elite porfirista. Versos irreverentes, eminentemente populares, escritos a modo de epitafios retratando a las personas como si ya estuvieran muertas, literatura que usamos para canalizar nuestras  emociones, que en otro contexto difícilmente podríamos hacer

Las formas poéticas más usadas son: pareados (estrofa formada por dos versos de igual o diferente medida, que riman entre sí), tercerilla, cuarteta, quintilla, sextilla, octavilla y décima.

A modo de ejemplo les comparto la dedicada a mi abundante y multiétnica familia.
Recordando cuando compartíamos rimas en las reuniones familiares en estas fechas de bellas tradiciones. Familión que amo “rete harto”.

FAMILIÓN GOMEZ

El jarabe tapatío con mariachis sonó.
Era la huesuda bailoteando, que a la casa de los Gómez entró.
Bienvenida señora muerte dijeron sonoramente Don Celso y doña Angelina, jefes de esta coloquial y singular tribu tapatía.
La espantada dama blanca entró a esa casa, mirando aterrada como el nacionalismo familiar, multiétnico se volvió.
Huicholes y Tamaulipecos bailaban un son.
Españoles y Sinaloenses se empinaban la jarra de jalón.
¡Hay Dios Mío! – que revoltijo de gente se formó.
Guanajuatenses y Michoacanos carcajeaban sin pudor.
Chilangos e ingleses chismorreaban moviéndole al fogón.
La muerte, el cuello giró hacia otro lado del salón.

¡oh sorpresa que se llevó!

Mexiquenses y Queretanos mascando chicharrón.
Zacatecas y Saltillo presentes correteando con el abundante infantil pelotón.
Hasta yucas y cubanos con poesía, salsa y ron.
Cayó abrumada en el piso y Bobby el perro la lamió.
Se levando corriendo espantada, huyendo y diciendo:
Quédense con su convivió, no me llevó a ninguno, me regreso sola al panteón.

Mar GómezLetras para tu panóptico mirar, Mar Gómez
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