Agradecimientos por sus apoyos en especie

Como seres de otro planeta, Luisa Andrea Canul Brito

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Hace algunos años durante mi época de estudiante escuché decir que los bailarines eran como seres de otro planeta, en un principio pensé que era una aseveración muy egocéntrica, pero posteriormente comprendí que no todo iba en un sentido tan literal.

Conforme transcurrieron los años mi carrera como bailarina estaba en marcha, logré formar un pensamiento más crítico y comencé a apreciar a otros bailarines, exploré una serie de deducciones a esa aseveración que en su momento causó tanto ruido en mí y es que empezaba a convencerme que esta idea podría ser cierta.

La mayoría de las personas hemos bailado al menos una vez en nuestra vida (aunque sea con los ojos) y esa sensación que se traspasa por todo el cuerpo logra transformar por un instante nuestra estructura celular, química y física al liberar sustancias y provocar cosas maravillosas en nuestros cuerpos, llenándonos de alegría, liberación, fuerza: situándonos en un estado de bienestar; sin embargo, estos breves momentos no nos hacen ser bailarines.

¿Qué sucede con los bailarines para considerarlos como seres de otro planeta?

Para un bailarín nunca es suficiente: nunca es suficiente la técnica, nunca es suficiente un giro o dos o tres, nunca es suficiente un ensayo, una clase, la interpretación, la extensión; siempre queremos más, nos exigimos más, nos volvemos seres autocríticos incapaces de resistir dejar pasar cosas mundanas con tal de mejorar. Puedo recordarme dar funciones con elevadas temperaturas, contracturas recién añadidas a mi cuerpo, pies lastimados, llagados o abiertos de tanto ensayar, pero nunca rendirme o faltar a una función por ello, simplemente no era una opción, o por otro lado perder cumpleaños, fiestas, eventos, cine, etc., por la auto-obligación inherente desde el día en que le das el sí a esta hermosa carrera.

Los bailarines somos capaces de transportarnos a otras dimensiones sin necesidad de cambiar de lugar, el escenario se convierte en nuestro cómplice y nos permite crear todo lo que nuestra imaginación quiere, pero a la vez en cada movimiento de nuestros pies seguimos adheridos a la tierra, con cada ondear de nuestro cuerpo somos capaces de lograr la conexión entre la tierra y el cielo y guardar toda esa energía potenciadora en nuestro plexo solar para transformarla y entregarla a los seres de este planeta (nuestro público), nos conectamos, nos entregamos y nos hacemos parte de ellos, para luego resguardar cada trozo de sus alma en nuestro ser; vivimos atentos a sus movimientos, sus gestos y miradas, acechamos su día a día, nos conectamos con sus vivencias, aprendemos de sus fortalezas y sus dolores para revivirlos en cada obra. “Aprendemos minuciosamente la vida humana en todo su esplendor”.

De otro planeta porque podemos comunicarnos sin hablar, creamos lenguajes nuevos y significativos, haciendo que aquellos que nos ven se estremezcan, rían, lloren, se enojen y quieran bailar la vida con nosotros, soñando que quizá sus pies y cuerpos podrían hacer aquello sutil que esta frente a ellos. Somos quienes podemos utilizar nuestras danzas como catarsis y repetirlas una y otra vez hasta (hasta el cansancio, hasta las lágrimas) para que aquello que no queremos, salga de nuestro corazón, de nuestras vidas o simplemente pensamos en que la ley de la atracción puede funcionar si bailamos con más fuerza aquello que anhelamos, como invocando a los dioses que giren sus miradas a nosotros y que de tanto querer que continuemos con otras danzas cumplieran nuestras plegarias móviles y así empujarnos para trascender.

Seres de otro planeta porque la danza es la forma en que logramos respirar y sobrevivir en la tierra, nos inmortaliza por instantes: bellos instantes que sirven de inspiración al mundo.

Gabriel AvilésComo seres de otro planeta, Luisa Andrea Canul Brito
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