Cuando la Ficción Se Cruza con la Realidad, Mariel Turrent

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Por recomendación de un profesor de la maestría, a propósito de la novela que estoy escribiendo, empecé a leer La gran casa, de Nicole Krauss. La historia trata de un escritorio que perteneció a Lorca y de cuatro personajes relacionados con este cuyas vidas se entrelazan. Pero lo que viene al cuento es que uno de estos personajes, es una escritora que ha tomado historias de la vida real para escribir sus ficciones. Ficciones que, no son en realidad ficciones, pero que ella, para no tener que dar explicaciones, argumenta que lo son y finge —hasta consigo misma— cierta frustración con los periodistas y lectores que “insisten en leer novelas como si fueran autobiografías de los autores, como si no existiera tal cosa como la imaginación del escritor, como si el trabajo del escritor consistiera únicamente en hacer una crónica y no en una fiera invención”. El personaje, relata el sentimiento de culpa que llegó a sentir en ciertos momentos; como cuando retrató la situación tan vergonzosa que vivió su padre en la vejez, o cuando tomó una anécdota que alguien le contó y recreó meticulosamente todos los detalles, utilizando su imaginación.

Esto me hizo pensar en mi propia obra y en la de algunos de escritores allegados que invariablemente tomamos de la vida real material para nuestros textos; la cuestión es qué tanto ficcionamos esa realidad y qué tanto afectamos, al publicarla, a las personas que están implicadas en esa verdad que pretendemos contar.

Recuerdo la primera vez que vi Desmontando a Harry —película de 1997 escrita y dirigida por Woody Allen cuyo título original es Deconstructing Harry—. Se me quedó muy grabada la historia porque en esta cuenta cómo las personas cercanas al escritor se ven retratadas en su novela, y los problemas que esto le ocasiona. No sé si la tomé como una especie de advertencia, pero lo cierto es que, siempre que voy a escribir algo basado en una historia real que involucre a otras personas, antes de publicarlo solicito su consentimiento.

Pero ¿qué pasa cuando un conocido se pone el saco de un personaje de ficción y cree que hemos ventilado su historia?  Y es que a veces la línea entre la ficción y la realidad es muy endeble. Aun lo que inventamos los tomamos de posibilidades de la realidad, de fantasías que, si se nos ocurrieron a nosotros, bien se le pudieron ya haber ocurrido a alguien más que seguro las ejecutó. Al respecto dice Henry James (y lo cita la misma Krauss): “Me parece que nadie puede haber hecho un intento artístico serio sin ser consciente de un inmenso aumento, una especie de revelación, de la libertad. Uno percibe, en ese caso, a la luz de un rayo celestial, que la provincia del arte es toda vida, todo sentimiento, toda observación, toda visión”. El artista debe gozar de cierta toda la libertad para poder crear. No podemos estar pensando en quién se enfadará o a quién le quedará el saco si escribimos esto o lo otro. Pero de lo que sí debemos estar conscientes, sea lo que sea, inventado o tomado de la realidad, es de que nuestras creaciones crean un impacto en el público y tenemos que afrontar esa responsabilidad. El artista debe saber que a toda creación hay una reacción, y culpables o no, siempre tendremos que afrontar las consecuencias.

 

Mérida, Yucatán, 1974. Escritor, promotor cultural, poeta, productor de televisión y radio, locutor, conferencista y editor. Autor, entre otros libros, de "Presagios", "Cartas para la hoguera" y "A la deriva del infinito".

Gabriel AvilésCuando la Ficción Se Cruza con la Realidad, Mariel Turrent

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