Antínoo en Piélagos, Gabriel Avilés

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Antínoo en piélagos, la lejanía es certidumbre cuando se ama. Hace unos días mire tu rostro en la llovizna de una tarde fría, me aprisione a tu cuerpo, a tus pétreos muslos, en tanto, mi virilidad moría en los sepulcros de las callejuelas donde ofrendabas lujurias a los ancianos en llamas.

La ciudad se destruye conforme el silicio se impregna al día.

Añoro nuestra última cita cuando me comentaste que te ibas de viaje pero que siempre estarías a mi lado como un poema inconstante. Se desvaneció esa promesa pero al sentirte de nuevo en esta crisis escondida con alcohol y antidepresivos, no desdeño  el olor de tu afilado dorso.

Sabes, los infieles ultrajan lo perfecto, tú construiste ruinas con el llanto de mujeres y hombres que esperaban su destino con el I Ching y runas.

El oscurecer inicia,  metáfora concebida por tus ausencias, sé que oyes mis versos simples y desgraciados.

Tu sangre se hizo libélula que día a día crece en el sentir el mórbido deseo del retorno mientras un whisky permite vuestros besos.

Mérida, Yucatán, 1974. Escritor, promotor cultural, poeta, productor de televisión y radio, locutor, conferencista y editor. Autor, entre otros libros, de "Presagios", "Cartas para la hoguera" y "A la deriva del infinito".

Gabriel AvilésAntínoo en Piélagos, Gabriel Avilés

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