febrero 2020

El Cíclope, Gabriel Avilés

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Niña-sirena añoras la visita de incendiarios Prometeos. Tus manos hilvanan el sargazo. He aquí, a tu cíclope entre infieles. Acantilados retienen atavismos. Existen nereidas que sólo miran horizontes, no futuros. Beben hasta el cansancio, hasta morirse de tanto repetirse y desprender la nostalgia de sus labios mientras tú concibes otros universos.

Este océano es banal al recorrerlo. La sal prolonga agonías en concubinato con evasivos universos. Conoces los orígenes; la pleamar guarda en su regazo un posible significado, una respuesta. Los peces deshacen Atlántidas con feroces desengaños, sus escamas guardan el alfabeto de tu cuerpo, a veces marea, agua, nada.

No hay barcas, ni galeones para ir a otras ínsulas, quedas a mi lado, doncella mutilada y doliente, con miedo de mirarse a los espejos.. Mujer-medusa, viaja a la bahía de los instintos. Explora exequias de un territorio, huyes a la bahía de las deidades para erguirte emperatriz de los próximos estíos.

Gabriel AvilésEl Cíclope, Gabriel Avilés
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Estética de la recepción*, Mariel Turrent

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Yo pienso que quienes escribimos, escribimos para nosotros mismos: por una parte, por la utilidad de lo inútil (de la que habla Nuccio Ordine), y por otra, porque sin duda nosotros nos vemos a través de los ojos de los demás y en esta última, el receptor juega un papel sumamente importante. La mirada de los otros finalmente es lo que nos define y de alguna manera es para los otros para quienes somos; no somos otra cosa que animales sociales y por muy solitarios que a unos nos guste ser, por mucho que queramos alejarnos de las multitudes, venimos de otros y no sobreviviremos (como especie) si no es a través de otros. 

George Berkeley, filósofo idealista del siglo XVIII, sostenía que “existir es ser percibido”.  Este es un tema que causa controversia hasta nuestros días y me lleva a una reflexión sobre la forma en que nos vestimos, nos comportamos, y en especial que escribimos. Todo tiene que ver —a pesar incluso de nosotros mismos— con la imagen que queremos dar o con lo que deseamos comunicar. Hasta me atrevería a decir: con lo que pretendemos esconder. Las preguntas que nos hace la Estética de la Recepción —sobre los criterios que subsisten al enjuiciar una obra, o si el autor es capaz de aprender algo fuera de él, y el papel que representa la imagen del autor y el género literario— me parecen la clave para entender que todo es una red interconectada. Incluso en un caso extremo en el que el autor fuera un ermitaño alejado del mundo, siempre será la mirada de los otros lo que lo defina como tal, y el juicio que se emitirá de su obra dependerá del receptor, quien, a su vez, formulará una opinión que contiene, como dice Ítalo Calvino en Las ciudades y la memoria, todo su pasado “como las líneas de una mano… surcado a su vez cada segmento por las raspaduras muescas, incisiones, cañonazos”.

Desde el color que elegimos para lucir una mañana hasta el género que elegimos para escribir, todo tiene que ver con algo que pretendemos comunicar y que, consciente o inconscientemente, va dirigido a un receptor que asumimos recibirá el mensaje de determinada manera.

En una ocasión volaba yo en un avión comercial y se derramó un líquido entre mis piernas, yo estaba escribiendo un poema y describí aquel acto de forma literal y lo convertí en poesía:

Carta de amor

Escurren tus letras entre mis piernas

palabras derretidas en un sobre

Junto los muslos

intento retenerlas

mas se fugan en líquida consistencia

Desesperada las leo

pierden su sentido

entre mis dedos se cuelan

empapando la falda

 Lo publiqué y para mi sorpresa, mis lectores me retroalimentaron sobre mi “poema erótico”. Sin duda, fue una sorpresa, pues nunca lo había yo pensado de tal forma. A partir de ese momento empecé a hacer poesía erótica como un juego en el que yo escribía pensando en el receptor a manera de un experimento, tratando de adivinar lo que mis palabras provocarían.

No es sorpresa que en psicología se utilicen figuras sin sentido para hacer que el paciente cuente su historia, hable de sí mismo y de todo su bagaje cultural, emocional, sensorial.

Lo maravilloso de esto es que, como dice Nuccio Ordine,“dando vida al milagro de un proceso virtuoso” –en este caso el del autor y el receptor que asimila y transmite lo leído a otro– “se enriquece, al mismo tiempo, quien da y quien recibe”.

Gabriel AvilésEstética de la recepción*, Mariel Turrent
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El retratista del alma: Amedeo Modigliani, Norma Salazar

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                                                                                               “¿Qué es lo que más recuerdas de Modigliani?

                                                                                                              “Todavía me debe quince francos”

                                                                                                                                                       Conversación anónima

Amedeo Modigliani nació un 12 de julio de 1884 en la ciudad portuaria de Livorno, Italia. Fue un sábado 24 de enero de 1920 que “Dedo” como lo llamaban feneció, hora local 20:50 una noche lluviosa y gélida, ocurrió en el Hospital de la Caridad de Paris. Un domingo sombrío de aquél cansado invierno los periódicos informaban la triste noticia, leían estupefactos el detalle sus amigos y gente más cercana que conocían al escultor-pintor judío italiano. Que mendigaba por los barrios de Montparnasse y Montmatre haciendo retratos a cambio de un franco o por un vaso de vino, tuvo una corta vida donde fue vertiginosa e intensa.

Florencia, se inscribe en la Escuela Libre de Desnudo para realizar sus primeros cuadros con modelos vivos, para el año siguiente se traslada a Venecia apoyado económicamente por su tío Amédée. Allí, se enrola con los pintores que los nombraban “pintores futuristas”.  Llegó a Paris entre los meses de enero y febrero de 1906 en pleno invierno de inmediato se inscribió en la Academia Colarossi se entrevistó con el pintor y escultor Granowski, bramante en la escultura emprende un nuevo cauce Modigliani tiene la oportunidad colosal de su vida; por un lado el doctor Paul Alexandre el causante de que Amedeo Modigliani conociera a Constantin Brancusi y todo lo pertinente con el arte primitivo, fue éste último que animó a Modigliani a trabajar con vehemente convicción por la escultura. La relación con Brancusi se ostentó con cauta transparencia. Segundo Paul Cézanne protagonista notable en la existencia del retratista del alma, gracias a estos dos encuentros fortalece su propio lenguaje visual;  observamos en sus “columnas de ternura”, no perder de vista que son 20 o 25 obras en piedra caliza, esculturas con rostros de arte africano y de Oceanía aquellos tiempos un tema de escape a las tendencias grecorromanas pero en su obra el italiano alternó el arte africano con su arte clásico, prueba de ello sus Cariátides, mujeres que forman al mismo tiempo columnas, realizadas entre 1909 y 1914. En contexto para él fue muy importante el discernimiento del arte egipcio, su innata emoción de antigua e insondable agudeza, déjeme reiterar amable lector, a noviciados del siglo XX la idea del arte primitivo se topaba en un estado de enorme galimatías, aunque sólo fuera por el hecho de que todo lo que era antepuesto a la civilización griega era adjunto en el gran sumario del primitivismo,  incluido el arte egipcio.

El vínculo con Cézanne es trascendental por la reelaboración cubista de esa misma lección “cézanniana”que el virtuoso se inclinaba, claros ejemplos son Cabeza de joven rubia y Madame Pompadour, este último cuadro prestar atención tiene ciertos trazos cubistas pero el misterio lo encontramos en el cuerpo denso y estratificado de la materia, por ello nos viene la siguiente reflexión ¿En qué radicaba el rastro en que Amedeo Modigliani releía y reelaboraba los valores y pulsaciones de la pintura de Cézanne, sin oponer resistencia al enjambre cubista?  Primera reflexión para Cézanne su arte pictórica nunca perdió ciertos elementos que provenían a finales del siglo XIX  que se enfilaron en el siglo XX, éstos una aseveración en valores de la conciencia sujetados directamente con la exploración del discernimiento y el interior del  lenguaje.

Para Cézanne como Modigliani era importante escudriñar el universo en todos sus sentidos, minuciosamente fueron linternas de su época sometida de eventos purgantes, era necesario una restauración de los sentidos en aquél maremágnum hiperestético  de “petites sensations” reordenando la cubierta de la superficie del cuadro al tiempo intuidas como una historia y experiencia en cada ser humano sin dimitir trazos específicos en la tela, acentuando la fragilidad endeble del fenómeno luminoso. Nuestro pintor de Livorno canalizaba narraciones rejuvenecidas y sensitivas al mismo tiempo puntualizaba formas innovadoras. Modigliani solventó el movimiento de la psique en la hondonada de la conciencia. Movimiento y psique sus líneas paralelas que germinaron en común flexibilidad compleja, es decir, “la psique” en temas de  psicologismo aseveró sus propios ritmos, una constancia y permanencia sólidas, volumetrías del arcaísmo en serena figura, formas agraciadas Modigliani supo al dedillo ser irreverente enfrentando cánones e exégesis novecentistas. Su trazo redondo sumergió en la lejanía aquellos cuerpos y aquellos rostros de los que subraya al mismo tiempo, lo tangible para el escultor-pintor su línea era una pintura de origen con enorme profundidad de concentración de energía. En lo referente umbral –oscuridad entre sus cuadros, al detallar la luz está era “el espejo de herida” que descuella la pulsación del “YO”, contribuye la afirmación de la conciencia del arte junto a un auténtico arte de consciencia. Déjeme enfatizar,  para él fue importante la famosa línea (tanto sobre el papel como sobre la tela) su objetivo  “fundar” el espacio a veces brotaban más delgadas y más intensas, para Modigliani en su lenguaje fue (el testimonio herido de la superficie). El alargamiento de ciertos elementos anatómicos en indiscutibles cuellos y brazos de todas las figuras humanas fue su propia lectura subterránea incitada por la concentración “cesionista” que se cruzaba con sus nuevas pulsaciones y añejos agotamientos, muy pocas veces maudit o modí  (el pintor maldito)satisface su talante prolífico en ciertas atmósferas distingue una geometría sintética que aparece “extendida” sobre un  plano íntegramente plástico; el bosquejo de una puerta, ventana es su  clímax que  niega una aurora hacia “a los otros” lugares, es decir, son los alejamientos narrativos o metafísicos. La clarificada deformación en cada figura se enaltece en cada encuadre moderno que no venera la distancia de los márgenes; resultado, nos atrapa como espectadores porque Amedeo Modigliani entregó cabalmente a la figura humana con una sensualidad, estilización como lo miramos en  sus desnudos inconfundibles. Nuestro pintor italiano encaró lo usual de su tiempo en cuestión al arte, su  estilo expresa un sumario entre forma y figura para conseguir objetivamente unas efigies armoniosas, incorpóreas, espirituales; miradas vacías lo cual recapituló nuevos manuales humanos evidentemente íntimos. Término ávidos lectores este breve camino humilde por los matices de la pintura y escultura de unos de los grandes artistas plásticos Amedeo Modigliani que muy pronto parte de su excelsa obra se expondrá en nuestro país, citando un fragmento de  uno de sus cercanos de modí, me refiero a Lazar “A Lazar por una botella de vino”

“No podía creérselo, saco a la puerta un cajón de madera para sentarse

y así recrearse contemplando el desnudo. Mirándolo reposadamente le vino

al recuerdo esa noche de verano en la que Modigliani le pintó ese desnudo

y en la que fue el protagonista de la concurrida Plaza du Tertre”

 

Gabriel AvilésEl retratista del alma: Amedeo Modigliani, Norma Salazar
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SOBRE LA ESTÉTICA DE LA SOLEDAD, ALBERTO HERNÁNDEZ

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I

En el prefacio de La estética del pesimismo de Schopenhauer, José Francisco Ivars dice que cualquier referencia al pesimismo, “núcleo de la especulación” del artista filósofo, como dieron en llamar a quien nos atiende en la puerta, “debe matizarse mediante la puesta en historia de las contradicciones que genera la absolutización del individuo”.

Esta consideración que va más allá de la existencia humana, confirma la premisa de Schopenhauer según la cual el hombre debe despegarse de su prójimo en el sentido de renunciar a toda transformación social. “El hombre debe renunciar a toda actuación social”, escribe Ivars.

Si nos miramos en esta “moral del aislamiento”, descubrimos algo que podría someter a castigo a quienes tienen en la sociedad un motor de transformaciones. Visto de esta manera, la “exaltación de la autarquía del individuo” puede ser comparada con la autarquía prometida por la ideología materialista, en tanto que la sociedad está constituida por sujetos que manifiestan una individualidad propia: el ser se domina a sí mismo y proyecta ese dominio sobre el otro.

II

Añadido al destino que lo impulsa, ese hombre, Ecce homo, se desdibuja como colectivo y empuja la soledad como propósito. Idealismo subjetivo, concierne a un determinismo mítico, como lo afirma Adorno. Así, desde esta perspectiva, la “evasión” de Schopenhauer lo ubica en este estadio idealista que a su vez lo coloca en “otra realidad dependiente de la conciencia”. Para estos momentos en los que el mundo está lleno de objetos, de tecnologías, de la intención del pensamiento único (del lado que confiere el poder) es preciso desentrañar el intento de ser uno y múltiple. El hombre es quien por ser otro: la alteridad y la otredad despejan la tesis del individualismo en la medida en que sepamos ser individuales, individuos.

El hombre es la síntesis de su pensamiento o una carrera hacia la demencia colectiva. Valerse de este empeño nos conduce a sabernos parte de la evasión global. Morimos solos, pero alguien que nos ve sabe que también será parte de la muerte. En este espacio se confunden las ideas: somos uno, pero también somos todos. A la hora del té, de asumir posiciones, cada quien es responsable de sus actos. En esta categoría no vale pujo ni lágrima.

Estructura de sensaciones, nos paseamos por el cosmos. Somos hormigas, representaciones, simulacros, sentencias, oscuridad, cotidianos, naturales o imágenes de lo que proyectamos.

Pero no estamos solos cuando decidimos no estarlo. Somos forma, morfología, trasunto, detritus, nada, voces, silencios.

La belleza se aísla, decanta la soledad. No hay belleza en lo colectivo, en todo caso, una argamasa de estéticas que promueven el ruido, la voluntad de representaciones huidizas. Entonces aparece el miedo, la única estética posible en una realidad de voces que inundan el espacio para desaparecer.

El hombre absoluto, en medio de un colectivo de hombres absolutos, existe en la voz de quien programa el discurso único, absoluto.

Gabriel AvilésSOBRE LA ESTÉTICA DE LA SOLEDAD, ALBERTO HERNÁNDEZ
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LEYENDO AL DESNUDO*, MARIEL TURRENT

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Hace tiempo leí algo, no recuerdo dónde ni exactamente qué, pero dejó en mí gran satisfacción y la idea de que, sin importar cuánto recuerde de mis lecturas, no seré la misma antes y después de leer cada libro. Adopté esa idea de inmediato, pues me implica un esfuerzo enorme recordar los títulos, los nombres de los autores, las frases que subrayo, la misma trama y sus detalles. Sin embargo, me he dado cuenta de que, algo de todo aquello —no recuerdo qué es— queda dentro de mí, se me impregna. Me parece que cada vez que abro un libro, su aroma surge y voy respirándolo; las letras impresas en las páginas van permeando a través de mis dedos y, cuando empiezo la lectura, voy saboreando palabra por palabra, asimilándola, deconstruyéndola.

Eso mismo me sucedió hace un par de días, cuando en el sudoeste del librero, encontré un pequeño libro desconocido donde no había nadie, penetré sus blancas páginas completamente y dejé afuera mi cuerpo para que mi alma, despojada, encontrara en él toda su soledad. Todo el vacío que sentía escapó por un minuto. Me deslicé tranquilamente sobre los renglones y debajo de ellos, leyendo entre líneas; luego aparecieron burbujas con ideas, pequeños globos con diálogos que interactuaron conmigo y me invitaron a ascender hasta el sol, hasta una nube donde el universo de las palabras se veía, y resplandecía tanto que extrañé un sombrero sobre la cara (AS).

Seguramente olvido los detalles, porque cuando termino las lecturas, se produce en mí una digestión de imágenes, y toda esa riqueza de su contenido se va repartiendo en mi cerebro, en mi alma, en mi espíritu, nutriéndome, supliendo mis carencias, provocando una alquimia con lo que existía antes, convirtiéndose en algo nuevo que me transforma. Después de cada lectura, me siento satisfecha, no en la forma en que lo estaría si hubiera asistido a la Cena de Trimalción, sino como aquel que pudo saciar su hambre en el Banquete de Platón.  Mi mundo a partir de ese momento parece más rico, más extenso, y yo parezco haber vivido intensamente y al desnudo, muchas más vidas que todas mis reencarnaciones.

Con frecuencia me topo con gente que, en confidencia, me cuenta su desánimo al leer, pues su mente no retiene gran cosa de sus lecturas. Entonces, yo, como si fuera Merlín, de la nada aparezco la idea —que he tomado, insisto, no recuerdo de quién ni de dónde— y lo animo a seguir leyendo. Pero no falta que, mientras animo a algún amigo, se acerca un descreído e interrumpe diciendo que hay que leer cosas científicas, libros de verdad, no novelas porque uno puede acabar enloquecido. Como ya me ha pasado varias veces, suelo traer en mi bolsillo uno de esos tesoros, extraído definitivamente del noreste del mismo librero, que en 121 páginas ofrece más riqueza que un billete de lotería, y aprovecho para leer algo que he subrayado, increpando así a quien se entromete: En una biblioteca está representado el universo, ahí coexisten pasado, presente y futuro(MVL), —y luego continúo diciendo— la literatura nos permite trasladarnos a otros mundos, encarnar en la vida de personas de otros tiempos, de otros géneros, de otras razas y creencias, vivir la vida de otros, como diría Marta Sanz, sin separarnos de nuestro sillón preferido. Y mientras digo esas palabras, me doy cuenta que, acabo de recordar algo, que no olvido todo; mi mente trae a colación palabras de Marta Sanz o de algún otro autor y el hecho me da mucha confianza, así que sigo pronunciando mi discurso: la literatura te hará entender mejor la complejidad humana, mantenerte lúcido sobre las deficiencias de la vida, alerta frente a la realidad circundante e indócil a la manipulación de los poderes constituidos.  Y así, voy explicando al sorprendido incrédulo, que si leyera un poco, se daría cuenta de que incluso esa idea suya de que leer novelas puede tocar la razón del lector, la ha robado Flaubert, o de Cervantes a quién se le ocurrió antes, y si él hubiera leído un poco más, se daría cuenta de que no es el mismo antes y después de una lectura, que “los libros siguen ocurriendo en nosotros aun años después de haberlos terminado” (MVL), nos aclaran y nos provocan dudas que nos hacen leer otros libros y cuestionarnos aún más. Si lees, suelo decir, a veces tendrás “la sensación de que las buenas palabras —el amor, la protección, la familia— esconden significados dañinos” (MS) y nuestros problemas no son exclusivos de nosotros, sino universales, se repiten una y otra vez en “todos los individuos pues no somos otra cosa que actores de la misma comedia humana” (MVL), vivimos finalmente esa ficción y podemos moldearla si sabemos cómo. A través de la literatura, experimentamos sin echar a perder nuestra vida. Las decisiones que tomamos son más conscientes y las haremos sabiendo a qué destinos conducen.  Quien lee, no vive su vida como quien escribe en una tabula rasa, sino como quién ha vivido varias vidas, como quien se ha puesto en los pantalones de muchos otros, como quién ha podido admirar el alma desnuda de la humanidad. Quién ha leído, tiene varios puntos de vista, conoce la conciencia de muchos personajes, porque ha leído sus más profundos sentimientos, emociones, motivaciones y ha sentido, no solamente lo que la vida le ha deparado, sino otras muchas posibilidades, otros mundos, y sabe que no existen las verdades universales porque que cada cabeza es un cosmos infinito. En fin, que quien ha leído, puede asegurar que no hay tal cosa como lo bueno y lo malo, en la literatura aprendemos de La guerra y la paz, Crimen y castigo, Sentido y sensibilidad, Orgullo y prejuicio. Y sí, tal vez la ficción es una mentira, pero encubre una profunda verdad (MVL).

No tengo la certeza de que todo lo dicho persuade a quién duda de la importancia de la ficción, pero lo que sí sé es que la curiosidad los hará acercarse a la geografía de algún librero, y tengo la esperanza de que ahí encuentren un universo en el que puedan entrar, despojados de todo su ser para vivir una verdad distinta a la suya.

 

* Todo lo que he escrito, aquí, no es otra cosa que un producto de la alquimia y de la digestión de mis lecturas de Nadando al desnudo de Anne Sexton (AS), Razones para no leer de Marta Sanz (MS), Por qué leer los clásicos de Italo Calvino (IC), Elogio de la educación de Mario Vargas Llosa (MVL), y otros autores más que no recuerdo exactamente quiénes son ni lo que de ellos he leído, pero podría asegurar, que todo lo que he dicho aquí, a lo dijo alguien más.

Gabriel AvilésLEYENDO AL DESNUDO*, MARIEL TURRENT
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Niñas y niños en la Migración de Estados Unidos a México: la generación 0.5, Norma Salazar

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Una pregunta obligatoria para el académico Víctor Zúñiga

¿Qué acontece cuando los hijos de migración mexicana a Estados Unidos cuando deben retornar a México? “Hemos sido testigos desde 2005 de la «Gran Expulsión», un retorno significativo a México, que forma parte de una lógica macroeconómica (crisis de 2008, en particular) y política (endurecimiento de las políticas de migración y procedimientos de deportación de EE. UU.) En 2015, un millón de residentes de México nacieron en el extranjero, la mayoría de ellos en los Estados Unidos, uno de cada cinco ha llegado en los últimos cinco años México”

En este ámbito el título muy certero Niñas y niños en la Migración de Estados unidos: 0.5, sus autores Víctor Zúñiga, Silvia Giorguli Saucedo, Editado por el COLMEX hacen un minucioso análisis, escudriñan las principales causas y efectos que conlleva las directrices de la migración. Enfoques interdisciplinarios y sus conocimientos de integración en la sociedad mexicana para los niños y niñas que han estado llegando a México procedentes de la Unión Americana

Éste libro pertinente de lo que ha acontecido durante las dos últimas décadas, un equipo de investigadores interdisciplinarios ha tocado temas específicos como; 1. Jóvenes nacidos en los Estados Unidos de padres mexicanos y que vuelven por primera vez, 2. Niñez que nació en México que ha emigrado a los Estados Unidos y que regresan, 3. Niñas y niños que van y vienen de los Estados Unidos en diversas ocasiones y se quedan a vivir en México.

Hay que destacar que entre los años 1986-2005 hubo una Gran Expulsión, de ahí que los años siguiente cuando vivían en el país vecino del Norte eran miembros de una segunda generación o de la generación 1.5 dependiendo del país en que nacieron, al retornar a México ya no corresponden a esas generaciones y, por consecuente, aquí, en nuestro país se convierten en migrantes de la generación 0.5.

En su intervención la Dra. Silvia Elena Giorguli, enfatizó que ya conocía el trabajo del Dr. Víctor Zúñiga referente a trabajos de la migración, por lo que le pareció importante trabajar con él, ambos comenzaron a elaborar el libro con expertos del tema migratorio y de la educación de niñas y niños migrantes en disímiles vertientes. A partir del Censo del año 2010 encontraron que hubo un considerable aumento niños provenientes de Estados Unidos, qué nacieron en el país vecino del Norte y que regresaron por diversas circunstancias por primera vez por una heterogeneidad de razones.

La Generación 0.5 la nombran a partir de qué el número O es un arranque de una trayectoria nueva en México las categorías tradicionales no alcanzan para referirse a ésta nueva categoría de la generación. Los EJES de los niños migrantes hay que acuñar Generación 0.5.

Para la Dra. Rebeca Barriga Villanueva Lingüista en su participación se refirió al término “Nacionalismo”:

El cuestionamiento” Nacionalismo” un problema metodológico que se ve en las aristas de los Estados Unidos y, México sigue todo un pensamiento Estadunidense. A pesar de que los Estados Unidos existe una literatura muy abundante, los estudios migratorios son extensos en la Academia Estadunidenses. Para la académica sé debe “Romper el “Nacionalismo” metodológicamente, asimismo los problemas de análisis que han sido otros, acompañados de las Remesas, migración, etcétera.

Un libro obligatorio muy cualitativo donde inspeccionaremos sobre las políticas públicas, las políticas educativas con sus retos para dar apoyo a la generación 0.5; ya que México es un país plurilingüe desde sus orígenes, asimismo, como se vincula el bilingüismo entre los jóvenes. La dispersión para esta juventud, ¿Cuáles son las funciones culturales?

Gabriel AvilésNiñas y niños en la Migración de Estados Unidos a México: la generación 0.5, Norma Salazar
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Aún Tienta el Olvido, Gabriel Avilés

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1
Indefenso
Disoluto
Contradicción en hambruna
Resurrección entre vituperios
Caín con la quijada rota
Deidad entre páramos
No hay Evas
NI podredumbre artificial
Demencia senil
Réquiem de sumideros
Azul vs Azul
Rosa
Rosario
Reza
A la
Simiente sin esperma

2
Madrugada en madrigueras
Mi yo
Se calma en cama con tus ojos
Desnudez por archipiélagos neutros

Indefensa
Disoluta
Carne y hambruna
Beso sin verte
Aún tienta el olvido

Gabriel AvilésAún Tienta el Olvido, Gabriel Avilés
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Sobre los Concursos y sus Ganadores, Mariel Turrent

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Hace una semana, me enteré que el poeta Miguel Ángel Meza Robles —a quién me precio de tener como amigo— fue galardonado con el Premio Internacional Caribe-Isla Mujeres de Poesía 2019. Recibí la noticia con alegría pues, además de que lo aprecio, me parece que lo tiene bien merecido, pero instantáneamente, sonaron en mí las palabras que el homenajeado me dijo hace unos años cuando envié mi novela al concurso Premio Mauricio Achar Literatura Random House: “Yo no creo en los concursos”.

En aquella ocasión, yo compré su idea, tal vez para justificar que no gané, o porque al enterarme de que en dicha ocasión hubo más de quinientos participantes, me pareció imposible que el jurado calificador pudiera ser objetivo al elegir un trabajo de entre una variedad tan vasta como aquella. También porque he sido jurado en los concursos de cuento organizados por La Casa de la Cultura de Cancún y otros por el Instituto Quintanarroense de la Cultura, y sé lo difícil que resulta elegir un solo ganador.

Felicité a mi amigo y lo invitamos a platicarnos en el Taller Malix sobre su obra, y en la plática surgió un leve comentario sobre un rumor que por ahí corría de que lo habían elegido por dedazo porque entre el jurado había varios amigos suyos.

A mí no me queda duda de la calidad de su trabajo. Ni dudaría tampoco de la integridad de Nicolás Durán que con tanto esmero y trabajo mantiene viva la revista literaria y organiza este ya importante premio. Mucho menos pienso que personas como Agustín Labrada se prestarían a una acción de ese tipo. Sin embargo, ahora entiendo el porqué Miguel Ángel Meza me decía que no creía en los concursos, y yo también he dejado de creer en ellos como un galardón objetivo que designe un trabajo como único valor entre los demás. Sin embargo, me parece que el premio le llega a quien le tiene que llegar. No porque sea el único valioso entre tantos, sino porque es el que merece en ese momento recibirlo —llámese energía, regalo de la vida, o resultado de la probabilidad—. Creo en los concursos como un incentivo importante, en el que sí o sí, debemos participar.

Creo en los concursos como un incentivo que nos obliga a generar más, a ser creativos, a buscar originalidad, calidad, a superarnos a nosotros mismos. Creo en los concursos y en que no es importante ganarlos, sino participar, y tal vez, algún día, nos toque ganar.

Gabriel AvilésSobre los Concursos y sus Ganadores, Mariel Turrent
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George Steiner poseído por la intuición de lo particular, Norma Salazar

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“Al mirar hacia atrás, el crítico ve la sombra de un eunuco. ¿Quién sería crítico si pudiera ser escritor?”

George  Steiner

George Steiner uno de los excelsos intelectuales, filósofo, historiador, crítico, políglota, catedrático universitario, un erudito del pensamiento contemporáneo. La crítica literaria traza un ideal de razonamiento específico que ésta tuvo durante el siglo XX numerosas usanzas en el mundo occidental; en la cultura anglosajona ha persistido la imagen de que el crítico y, por resultante el pensamiento literario debe estar tutelado por un patrón una intención ética. Steiner debido a su grande capacidad para desplazarse más allá de los ambientes académicos afrontó el formalismo crítico a la deconstrucción por ende se convirtió en claro ejemplo de la crítica ética, culta motivando polémicas. La crítica literaria retomando a Roland Barthes es naturalmente una disertación sobre otro discurso con todas sus narraciones y discrepancias, han contribuido a esbozar paradigmas teóricos ceñidos didácticamente en forma histórica y sucesiva. Implícita esta proposición, la noción de la literatura aparece como un asidero ineludible tras entrever afirmaciones pese a su infinitud, tampoco son completamente satisfechas, déjeme enfatizar: todas las que se proceden de la unión entre medios y fines es como una medida de que la crítica en su función ancilar nos reintegra una y otra vez al inicio de partida. La literatura crítica literaria es inseparable para la literatura, a su vez, los problemas de la crítica son problemas de la literatura en las corrientes posmodernas. El diseño actual exige al crítico delimitar y explicar su propia crítica, a ejercer su labor de interprete, mediador o ser un filólogo. Ahora bien, en el ámbito de la teoría y la crítica literaria, podemos leer en sus numerosos ensayos para The New Yorker, Steiner acentúa con estética un estatus ontológico de las artes

“Siempre he desconfiado de la teoría a la hora de resolver mis asuntos emocionales,

intelectuales y profesionales. En la medida de mis posibilidades,encuentro

al concepto de teoría en las ciencias exactas y, hasta cierto punto,

en las ciencias aplicadas. […] Las humanidades no son susceptibles

ni de experimentos cruciales ni de verificación (salvo en un plano material, documental).

Nuestras respuestas a ellas son pura intuición […] Los juegos deconstruccionistas

o posmodernos, la imposición de modelos metamatemáticos

en el estudio de la historia y de la sociedad (teniendo en cuenta lo pretenciosamente ingenuas

que a menudo son las matemáticas) condicionan en gran medida

el clima en que se desarrollan los trabajos académico-críticos.

Los teóricos en el poder consideran mi propia obra, si es que la consideran de algún modo,

como impresionismo arcaico”.

La recepción de los trabajos de Steiner ante todo son teológicos que encaminan en gran medida por su capacidad para una convocatoria de públicos no especializados, la ideología ético-literaria de George Steiner  es un cerrojo exaltado por el discurso con la expectación de requerir otro texto, es decir, un nuevo libro, asimismo la continuidad discursiva e inconclusa. Reitero ambles lectores, el colosal contenido que posee para juntar esas erudiciones. Incontables aspectos de la obra de Steiner que exhiben interés para describir minuciosamente es casi una labor irrealizable. La obra de este autor, a pesar de su vasa obra publicada ofrece muchas explicaciones totales del fenómeno artístico y cultural; Steiner nunca fue creyente de los sistemas cerrados que se transformaron en doctrinas. Fue más bien para él un centro del objeto investigación para reflexionar, llámese poesía, novela, artes visuales, música, etcétera, en vez de terminar el objeto de estudio lo renovaba continuamente a través de sus indagatorias literarias, históricas, teóricas y retoricas. El adulto Steiner resumió una escena de su infancia y lo lleva en todo su trabajo escritural

“Comencé a estar poseído por la intuición de lo particular,

de lo diverso innumerable que ninguna labor clasificatoria

ni ninguna enumeración podían agotar. Cada hoja de cada árbol difería de otra hoja

(me sentí abrumado al comprobar esta elemental y milagrosa verdad).

Cada tallo de hierba, cada pedrusco de la orilla del lago eran, eternamente,

“sólo así”. Ninguna medida, sean como fueren los mecanismos

con los que se estableciera, aunque fuera muy bien calibrada, era la misma.

Se desviaría por un pequeño trillón de pulgadas, por un nanosegundo,

por el hálito de un pelo —en sí mismo una hormigueante inmensidad—

con respecto a una medida precedente.

Me senté en mi cama tratando de contener el aliento,

sabiendo que el respiro siguiente señalaría un nuevo comienzo,

que el pasado ya era irrecuperable en su secuencia diferencial.

¿Adiviné en ese momento que no podía haber un facsímil perfecto de nada,

que la misma palabra dicha dos veces, incluso en repeticiones rápidas,

no era ni podía ser la misma?

(Mucho tiempo después me enteraría de que esa irrepetibilidad

preocupó tanto a Heráclito como a Kierkegaard)”

Termino ávidos lectores George Steiner una pérdida irreparable y, cómo él alguna vez anunció “La educación escolar de hoy es una fábrica de incultos”, no habrá otro gran erudito, sólo queda su magnánima obra que nos heredó.

Gabriel AvilésGeorge Steiner poseído por la intuición de lo particular, Norma Salazar
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