enero 2020

EL CINE POBRE, MARIEL TURRENT EGGLETON

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“Huracán, huracán, venir te siento,
Y en tu soplo abrasado
Respiro entusiasmado
Del señor de los aires el aliento.”

José María Heredia

Me gusta ver series y no me da pena decirlo. Parece que entre los intelectuales las series son como un sustituto de los libros y por lo mismo las rechazan como algo facilista para intelectos adormecidos que buscan pasar el tiempo y entretenerse sin hacer el menor esfuerzo.

A mí me parece que hay todo tipo de series, y a mí en lo personal me gustan las que, el cineasta cubano Humberto Solás, calificó como “cine pobre”.

Resulta que yo, que paso horas rumiando ideas y pensamientos, cuando llegan los cuarenta y cinco minutos que destino a las series de televisión encuentro en estas un solaz (utilizo la palabra para que no olviden el nombre del cineasta cubano) que disfruto enormemente.

Bueno, todo esto viene a cuento porque ayer terminé de ver la serie Cuatro estaciones en La Habana —un perfecto ejemplo de cine pobre por ser el resultado de mentes brillantes y poco presupuesto—.

Dicha serie surge a raíz de un viaje a Cuba del cineasta español Félix Viscarret para encontrarse con Leonardo Padura, y llevar a la pantalla grande algunos de sus primeros escritos de novela negra protagonizados por el teniente Mario Conde.

Lo interesante de esta miniserie es que es una pequeña joya de arte condensada en tan solo cuatro capítulos, así que, con el perdón de todos los amantes de las superproducciones millonarias, no se necesita dinero sino ingenio para hacer algo que valga la pena.

El guion fue escrito por el propio Padura y Lucía López Coll, su esposa; en este escuchamos hablar a la Cuba de los noventa —el periodo especial— en la boca de Conde, que recita los versos del iniciador del romanticismo en Latinoamérica, José María Heredia, mientras habla de la situación política, económica y social, pero sobre todo de la parte emocional de los habitantes de su país. La fotografía (de Pedro J. Márquez y la dirección artística de Carlos Urdanivia) con imágenes sublimes de La Habana, añade a las palabras con su composición y manejo del color un ambiente íntimo y decadente, como la misma historia de Mario Conde, del sargento Manolo, Candito o del Flaco, entrañables personajes que con tanto detenimiento describió Padura en esta Tetralogía de las Cuatro Estaciones.

Con esta filmación, Márquez y Urdanivia reinventaron el género, filmando novela negra en plena luz del día. Para que el sol caribeño no arruinara el argumento, retrataron días húmedos y nublados en esta ciudad de tonos desteñidos por el paso del tiempo, recreando así un ambiente que mezcla el misticismo de esta ciudad estacionada en el tiempo con el ímpetu de quienes habitan en ella.

La comida es un tema recurrente, la falta de abastecimiento se ve contrastada con las delicias que prepara la madre de Carlos, El Flaco, y las reuniones en las que terminaban siempre hablando de literatura, de política, y de mujeres siempre acompañados de tabaco, alcohol y canciones de ritmos sabrosos como Proud Mary, Born in the Bayou y Bootleg. Porque este protagonista tan particular es además de detective, escritor de versos “escuálidos y conmovedores” cuya debilidad, son las mujeres, la literatura y la música de Creedence Clearwater Revival.

Cuatro estaciones en La Habana, retrata un mundo de hombres, donde la mujer solo tiene cabida en la cocina y en la cama, donde los homosexuales son perseguidos por sus propios padres, los políticos corruptos, los bienes materiales escasos y empobrecidos. La nostalgia, la falta de esperanza, la decadencia, la corrupción, el hambre, las despedidas, la pobreza y la riqueza ilícita. Todo está ahí, en esta producción del cine pobre que retrata con sus ritmos alegres esa voz cubana, que nos contagia.

Gabriel AvilésEL CINE POBRE, MARIEL TURRENT EGGLETON
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UNA MANTA DE CURACIÓN QUE GRITA “NO MÁS VIOLENCIA”, NORMA SALAZAR

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En el centro de La Plaza de la Constitución  nombrada cotidianamente El Zócalo, van llegando a la cita, son las 11:00 am puntualmente se escucha un altavoz con timbre de mujer invitando a los transeúntes capitalinos, extranjeros maravillados, gente provinciana de éste tremebundo país llamado México acercarse a la exposición La Manta de Curación exhibida en el suelo del centro del país. Cae el sol a plomo, esplendente nos irradia y acompaña. Hoy es un domingo diferente a otros, no es un fin de semana habitual,  éste día 26 de enero del presente año tiene motivos disimiles para que la Plaza más significativa siempre esté presta a las pisadas de grandes contingentes acompañados por sus fieles sombras. El poeta y activista Javier Sicilia, miembros de la familia Le Baron van al frente; son el foco de todos los Medios de Comunicación (televisivos, impresos), nacionales e internacionales no hay ninguna duda de que en nuestro país acontece un latido fuerte de profundo dolor que lacera a todos niveles de la sociedad sin distinción de clases sociales, religión. Se escuchan gritos de “No más violencia”, “Ni una más”, “Ya basta”, van caminando vestidos de color blanco, brazos alzados que llevan mantas alargadas,  pancartas, cartulinas y fotografías de  víctimas desaparecidas, muertas, no hay palabras para describir sus rostros, me entra un estremecimiento y tengo que recobrar la sensatez para poder seguir  y no dejarme llevar por la IMPOTENCIA,  debo cumplir con mi trabajo.

Sí, diversos grupos aglomerados van cargando en sus espaldas lápidas de sufrimiento piden ser recibidos y escuchados. Sus retóricas con peticiones muy directas y categóricas, gritan a su paso  de oveja, mientras al otro extremo de la Plaza, enfrente de La Catedral se perfila otro grupo de mujeres, gente joven a realizar distintas actividades referentes a la exposición titulada La Manta de Curación.  The Patchwork Healing Blanket: Piece by Piece and Country by Country convocados por Marietta Bernstorff, originaria del estado de Oaxaca, Bernstorff es curadora del Colectivo Mujeres Artistas y el Maíz, mejor conocido por sus siglas (MAMAZ) La veo a la distancia, mientras dejo que dé indicaciones a  sus colaboradas más cercanas.

He llegado al punto de encuentro, lo primero que mi óptica observa es una larga manta de tela colorida, hecha por retazos que son cocidos por varias mujeres, éstos pedazos de tela cuadricular tienen imágenes con rostros en blanco y negro asimismo, presto atención aquellos tejidos que  se pueden leer algunos  dicen en letras mayúsculas “NO MÁS VIOLENCIA”, “NI UNA MUERTA”, “NO MÁS FEMINICIDIOS”, “YA BASTA DE TANTOS DESAPARECIDOS”; a lo lejos puedo ver  colores en vivo que atrapan el mirar de los paseantes se van deteniendo en silencio quedan parados en minutos, dejan de hablar los que van acompañados, sólo caminan, toman fotos con sus aparatos celulares, sí este es el motivo principal de esta manta curativa, es aquí donde se muestra la verdad.

Me acerco a Marietta Bernstorff sonreímos y saludamos con los buenos días

-Norma Salazar, mira, somos un grupo de mujeres inmigrantes de Oaxaca; el grupo se llama Las Hormigas bordadoras de Tanivet estamos realizando un proyecto que toca los temas  VIOLENCIA CONTRA LAS MUJERES Y LA MADRE TIERRA, obviamente la violencia de niñas y niños; los feminicidios, los desaparecidos.

Es una manta monumental, vamos caminando  al ir escuchándola siento que mi respiración se me acaba por ver tantas imágenes estremecedoras. Ella lo nota, vuelve a  explicarme

-Como verás es un domingo muy agitado en los cuatro puntos cardinales del Zócalo. Al otro extremo se encuentra el poeta y activista Javier Sicilia, aquí nosotras estamos manifestándonos desde las artes plásticas, fotografía, pintura, dibujo, bordadoras artesanales, es nuestra voz.

Voces que plasman en cada retazo de tela, queremos Paz y No más Violencia, también estamos apoyando a mujeres de Tláhuac a través de los talleres de tejido que se imparten en La Casa Abierta del Tiempo de la Universidad Autónoma Metropolitana, las fotógrafas, artistas plásticas por supuesto también pusieron su granito de arena.

Se une la fotógrafa Norma Patiño a nuestra caminata para  tomar fotos y otras compañeras de la cámara muy sonrientes. Escucho con atención a Marietta

-Es un proyecto que cobró vida por estas mujeres migrantes que sufren violencia, no sólo en nuestras fronteras Norte-Sur también existe violencia intrafamiliar, maridos agresivos física y verbalmente que han sido atacadas, sometidas, violentadas como lo vemos desgraciadamente con los feminicidios-

Norma en España ha aumentado considerablemente, es por eso que esta Manta de Curación no sólo  se exhibe en nuestro país sino también  a nivel internacional hay participación.

Próximamente haremos una travesía empezando en Tijuana, Estados Unidos y al otro lado del mundo India entre otros países.

(Silencio)

Para dar un respiro, mientras Norma Patiño con cámara en mano hace su trabajo. Contemplamos la parte fotográfica de la manta. Mi vista queda atrapada por la fotografía de Susana Casarín: un cuerpo cubierto con una sábana blanca inerte. Éste cuerpo que yace tendido no regresó  al cobijo del hogar. Me causa un escalofrío y siento que van a caer mis lágrimas al vacío, me protegen los lentes oscuros que no atraviesan mi llanto y cubren mí reacción súbita.

Marietta, por último, sé que tienes muchas actividades paralelas por esta exposición a ras de suelo de La plaza de Constitución, algo más que nos quieras compartir

-Todo este proyecto es gracias al colectivo Mujeres Artistas y el Maíz (MAMAZ) en Oaxaca, incorporandose el Ateleier Miku Meko, Arte Mujer Oaxaca (ARMO), Instituto de Artes Gráficas (IAGO), Escuela Secundaria General Enedino Jiménez, de Juchitán con 85 piezas de niñas, todos de Oaxaca; el Centro Cultural Casa del Tiempo de la Universidad Autónoma Metropolitana, Museo Cuatro Caminos y la Casa del Migrante en Tijuana, entre otras universidades y grupos.

Amables y ávidos lectores La Manta Curativa sigue su camino para llevar el mensaje de YA NO MÁS VIOLENCIA CONTRA LAS MUJERES

Foto: Norma Patiño.

Gabriel AvilésUNA MANTA DE CURACIÓN QUE GRITA “NO MÁS VIOLENCIA”, NORMA SALAZAR
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Nuestro Amor, Alegría Agosto

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Nuestro amor no se dice con la boca, se siente en lo convexo, se trasmite en el umbral de las sórdidas preguntas.

He guardado tus mensajes largo tiempo y aquella caricia silenciosa que hizo que retorne en mi escenario la alegría, mi pecho se abre cada noche y se enajena aún de complacencia.

Todavía pienso en tus ojos de gorrión que me dibujaban cuando juntos realizábamos proyectos, sin poder olvidar tiernas miradas, pues en ellas te pedía una respuesta y suplicaba resolvieras puntos complicados.

Por la orilla menguante de la luna te busqué, por los pasillos escudriñados por influencia incontenible, porque mi flama siempre henchida, multiplicada de pasiones trasparenta aquel lenguaje minucioso donde te exigí perpleja me salvaras de las dudas y el insomnio.

Tú fuiste un minuto de bonanza, pero me hiciste penar durante años.

Aún guardo tu lluvia, hebras de mi piel segmentos tristes que piden que regreses, mis ansias, mi desmesura todavía inmortaliza aquel abrazo por el talle queriendo fundirme entre tu cuerpo con ese último beso que me diste en la frente

Este cariño, no obstante que es prohibido, me levanta las alas y voy descalza entre las nubes hacia el oriente, de pronto mis ojos te descubren, configuro tus contornos en los trazos de mi cuerpo.

Cautiva , trémula rondo tus antiguos vocablos, imagino mis índices por tu piel danzantes y pausado se purifican mis labios en la imploración : Que no olvides de ningún modo nuestro amor.

Gabriel AvilésNuestro Amor, Alegría Agosto
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De agresiones, protestas y narrativas, Felipe Escalante Tió

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Aquella noche, un grupo de individuos asaltó a mano armada el cuartel de policía de Mérida, enardecidos porque en la Plaza Grande se habían exhibido unas fotografías del presidente, el jefe militar de la zona y el gobernador del estado; esta última seguida del retrato del candidato opositor para sucederlo. El parte señalaba que los asaltantes pretendían apoderarse del armamento policiaco y que fueron rechazados por “los defensores del orden”, entre los cuales hubo dos heridos de relativa gravedad. Sin embargo, entre los llamados atacantes hubo tres muertos: Lorenzo Méndez, Eusebio Escalante y Teodosio Pérez Ponce; también cuatro heridos: Pedro José Guerra, Tomás Anaya, Antonio Brito y Ramón Loría.

En efecto, según dejó saber el periódico oficial de entonces, los manifestantes habían lanzado gritos de “muera” al gobernador, Carlos Peón Machado, y por su parte el jefe político y los oficiales de la policía “intentaron con palabras corteses y en tono de súplica disuadir a los escandalosos de su intento de atacar á la policía: después de grandísimo esfuerzo se consiguió que se retiraran dando los mismos vivas y mueras referidos. Pasados como veinte minutos se volvieron a reunir en la misma actitud amenazante y en el propio lugar invadiendo los portales que ocupaba la fuerza de policía y prorrumpiendo en los mismos vivas y mueras”.

El parte, firmado por el jefe político, Ceferino Monforte, concluía con la siguiente frase: “La tranquilidad pública ha quedado restablecida gracias a las acertadas disposiciones del Gobierno”. La versión oficial de los hechos, sin embargo, no prevaleció como verdad. Los partidarios del general Cantón difundieron la versión de que el accionar de la policía y la Guardia Nacional constituyó una agresión de la autoridad contra civiles indefensos y un agravio a los yucatecos por parte del grupo instalado en el gobierno del estado, al cual calificaron de indigno de continuar regenteando los destinos de Yucatán.

Grupos de choque

Revisando periódicos de unos cuantos años más tarde, específicamente los aparecidos con motivo de las elecciones de 1911, cuando compitieron Delio Moreno Cantón y José María Pino Suárez por la gubernatura de Yucatán, llegaríamos a la conclusión de que ambas organizaciones contaban con grupos de choque; los morenistas acusaban especialmente a Tomás Pérez Ponce de organizar y conducir a un contingente de indígenas yaquis recientemente liberados, con la promesa de conseguirles un barco que los llevaría de vuelta a Sonora; mientras que los pinistas acusaban a sus adversarios de ser “provocadores”, de gritar “mueras” en los mítines y buscar liarse a golpes con policías y partidarios del que después sería vicepresidente con Francisco I. Madero. De nueva cuenta, si se revisan los resultados de las casillas, veremos que cada grupo tenía su propia estructura para encausar el voto a su favor, y esto incluía a gente dispuesta a generar violencia.

Estos episodios no se detuvieron con la Revolución. Urge una historia de los enfrentamientos entre socialistas y simpatizantes del Partido Liberal Constitucionalista, en los años 20 del siglo pasado, o una revisión de las protestas en Chemax en los años 80. Incluso podríamos acercarnos más, a elecciones en las comisarías de Mérida. Encontraremos que los principales partidos siempre han contado con gente preparada para agredir; en un ejercicio de historia oral, alguien recordará a la mestiza “de carácter” que costuraba piedras en su rebozo, convirtiendo la prenda en un arma contundente, y tal parece que por atavismo hallamos a estos grupos en cualquier partido. No tendría nada de extraño que Morena tenga el suyo, cuando PRI y PAN tienen los propios.

No, los yucatecos no son ajenos a las protestas violentas. La historia local no es precisamente de paz, ni ésta se instaló definitivamente después de la ejecución de Felipe Carrillo Puerto.

Xenofobia

En algún momento deberá analizarse con serenidad lo ocurrido el pasado domingo 19 de enero. Finalmente, lo que disolvió la protesta fue una granada de gas, presuntamente lanzada sin autorización, y los policías no repartieron macanazos ni balas de goma o de otro tipo, como se hizo en 1992, contra la Unión Campesina Democrática. Sin embargo, atribuirle a agitadores profesionales o “gente de otros lugares, acostumbrada a cosas distintas” es insensibilidad por parte de la autoridad; es sacudir de nuevo el espíritu xenofóbico para iniciar un conflicto con quienes han llegado a vivir al estado, y cuando ya hay abiertos varios frentes de inconformidad, llámense padres de niños con discapacidad, trabajadores del Sector Salud, maestros que llevan seis meses sin cobrar una sola quincena, entre otros.

No deja de ser curioso que el periódico La Oposición, de 1897, indicara en un artículo que: “Aun en los grandes motines, como en los casos que se han dado en la capital de la República, los más exaltados han roto faroles, aparadores de comercio, &., &., y han gritado mueras frente al palacio nacional; no se ha oído, sin embargo, que la gendarmería de México se hubiese encarnizado contra ese pueblo, prefiriendo los medios pacíficos hasta obtener la calma…”

Imagen de La Revista de Mérida, 6 de agosto de 1909

Gabriel AvilésDe agresiones, protestas y narrativas, Felipe Escalante Tió
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Durante su visita a Cancún hace casi 20 años, tuve la oportunidad de charlar con Alí el amigo y maestro, Alí Chumacero (Nayarit, 1918) leyó fragmentos de su obra, bromeó con el público asistente y demostró el sentido del humor de un escritor de 84 años que está más allá de la solemnidad y las veleidades de la vida literaria. Autor de una obra breve, reunida en Poesía completa (1993) —obra de enorme trascendencia para la poesía mexicana contemporánea—, el también galardonado con los premios “Xavier Villaurrutia” y “Alfonso Reyes” reveló someramente aspectos cálidos de su sentir como ser humano y de su experiencia a través de la literatura. Un gran  recuerdo:

—Después de más de medio siglo de conocerla, amarla y darle prioridad en tu existencia, ¿cuál es tu visión actual de la poesía?

—La poesía es un sustituto de la religión, de la filosofía. Es lo que más dignifica a un hombre. No sólo forma parte de las bellas artes —y de lo que probablemente es la cúspide de ellas: la belleza de la expresión—, sino que por su contenido emotivo se expresa como ninguna. Acaso la música sea igual, pues aflora el sentimiento, la emoción, el mundo interior, el mundo inconsciente del poeta. La poesía es el vehículo más intenso, más importante, más lleno de emotividad que pueda tener el mundo inconsciente del hombre: pone de manifiesto aquello que está oculto en la conciencia humana.

—En tu caso, ¿qué se encuentra oculto en tu conciencia?

—Lo que son los recuerdos. El inconsciente almacena todo aquello que sucedió a través de tantos años: relaciones, sentimientos, todo aquello que se va aglomerando en la parte más interna del alma. La poesía es el filtro por el cual fluye el espíritu, a tal grado que a veces pienso que la poesía es el espíritu.

—El crítico Raúl Leyva escribió: “Alí Chumacero, por medio de la poética se rescata, se reinventa de la eterna nostalgia”. ¿Cómo fusionas nostalgia y poesía?

–La poesía es precisamente eso, la expresión de la nostalgia, a diferencia de la prosa, que generalmente describe lo inmediato, el presente, el hoy. La poesía describe el recuerdo del hombre en sus formas alegres, tristes y algunas jubilosas. Es mucho más subjetiva, más llena de experiencias reflejadas que la propia narrativa, que es más descriptiva. La poética es sumamente intuitiva. Pero la poesía y la prosa son dos formas de la literatura no contradictorias, sino complementarias.

—Tu poemario Páramo de Sueños es un legado de la literatura mexicana, así como Piedra de sol de Octavio Paz  o La muerte del Mayor Sabines,  de Jaime Sabines.  ¡Cuál ha sido la transición de este primer poemario a tu último libro Poesía escogida, de 1993?

—Mi trabajo poético es el mismo que el de todos los escritores. La poesía del joven es siempre más sencilla, más pura, más limpia, menos complicada. Conforme se va viviendo con más intensidad, la sencillez se va haciendo concepto: el poema va más al concepto que al sentimiento desnudo. El joven destaca, aborda, expone el sentir inmediato en sus diversas manifestaciones, todo de alguna forma descarnada. Ya que ha tenido esa experiencia, se va complicando, quiera o no: es una ley muy antigua de la poesía. El poeta se va liando a través de su trabajo y acaba por hacer una poesía más difícil, más estricta, probablemente más hermosa, pero pierde buena parte de la postura con la que se inició. Hay poetas que son muchos mejores al principio o a la inversa.

—Me gustaría ahondar en tus influencias: ¿Qué poeta mexicano ha influido más en tu trabajo?

—Sin lugar a dudas, Xavier Villaurrutia. Otro que influyó de algún modo fue José Gorostiza. Son los poetas más cercanos a mí. Por supuesto, he leído a otros poetas: Rilke, Paul Valéry y a otros franceses. Pero volviendo a tu pregunta, Villaurrutia, más psicológico; y Gorostiza, más filosófico.

—Un símbolo importante en tu poesía es la mujer. ¿Por qué la mujer como constante en el trabajo lírico de Alí Chumacero?

—Bueno, de la mujer venimos, a la mujer vamos. Es la reina del universo, la madre naturaleza, el ser supremo de la tierra, la que da, la que produce. El hombre sólo colabora. La mujer es más limpia, más sincera, más buena; decía Rilke: “La mujer vale porque ve a los hijos como proyecto cuando no se ha casado y al tenerlos vale porque los tiene”. Es el centro de la realidad.

—Teniendo como referencias la  nostalgia, la  mujer, el  amor, defíneme tu poesía.

—Mi poesía es universal. Le canto a todo lo que lleva alma. Alí es para todos. Yo nací del pueblo y por ello me gusta pertenecer a él.  A mí no me deslumbran los premios o nombramientos: me interesa descubrir el lado positivo de todo.

—Alí, tú has visto la transformación de la poesía mexicana a través de los años, ¡cómo la percibes en este momento?

—La poesía se ha multiplicado, no por diez o por cien sino por mil. Hay tal cantidad de poetas que se entiende que es evidente que tarde o temprano saldrán grandes poetas. Estos muchachos (la nueva poesía) están madurando, están haciendo algo que va a quedar. Yo tengo mucha fe en la poesía de los jóvenes y que, conforme pase el tiempo, tengamos a cinco o seis grandes poetas.

—¡Crees que existe un grupo como, en su época, Contemporáneos? ¡O el poeta actual es  más disperso, más solitario?

—En general el poeta actual es solitario. Existen grupos en diversas ciudades y universidades del país, pues es necesario que la dispersión no destruya a las agrupaciones: éstas son necesarias; te sirve para compartir lecturas, técnicas y conocimientos. No se trata de hacer poetas cuyo estilo sea el mismo en un grupo, con la misma expresión o técnica; se trata de que conozcan, de que abran el camino a fin de no inventar el Mediterráneo, que sepan que las cosas ya están realizadas y sobre eso hay que trabajar avanzando, no quedándose, sino descubriendo nuevas posibilidades.

—Una de las enseñanzas para los que estamos a tu alrededor es tu alegría y jovialidad. Conozco al poeta,  pero ¡quién es Alí Chumacero, el ser humano?

—Es importante saber que hay el poeta y existe el hombre: son las dos maneras de resistencia de vivir. No hay por qué confundirlas. Se puede ser un poeta de verdad y un hombre de verdad. Lo que es ridículo es que el escritor se sienta superior, diferente a los demás como hombre. Claro que es diferente por el oficio ejercido, pero no para sentirse en un altar, viendo de arriba hacia abajo. Cuando está encerrado en su mundo lírico es efectivamente otro ser. Pero como ser humano es capaz de ser cordial, de respetar a la gente, de no faltarle al respeto, sin perjudicar para nada su gusto por la cultura. En mi caso, en los últimos años me he enfocado ayudar a los jóvenes, a mejorar su expresión, a cultivar la lectura, a hacer que el oficio esté justificado por la lectura, por un buen conocimiento de causa y no esté espontáneamente trabajando, sin las bases necesarias para que su labor sea reconocida.

—¿Le temes a la muerte?

—Hay Alí para rato. Todavía tengo mucha cuerda. Además, cumplo las reglas de todo poeta: poeta que no bebe y no vive, no es poeta.

–¿Cuáles son tus futuros proyectos?

—Toda la vida es un proyecto constante. La única ventaja de los proyectos es la no realización de ellos. Los vamos persiguiendo hasta la muerte. Cuando te mueres, la agonía es la posibilidad de pensar en lo no realizado y que pudiste haber intentado. Eso es lo interesante. Porque el que realiza un proyecto y lo redondea, ya se condenó a la nada: no tiene nada qué hacer. Es feliz y la felicidad es el gran enemigo del hombre. Es algo espantoso la felicidad. Yo me cuido de no ser feliz.

Después de esta charla, Alí pide ver el mar del Caribe. Quizá en su oleaje efímero consiga perpetuarse en la nostalgia de la marea en reposo.

Gabriel Avilés
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MAGNOLIA, GABRIEL AVILÉS

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A mi madre por su amor y más.

 

Nací de una magnolia

Y me hice dátil del viento

Bifurque entornos

Destruí barracas

Mi cuerpo se concebía en liturgias

Me clavaron espinas

Me entregaron a la ácida tristeza

Para luego convertirme en fango

Volví a ti

Magnolia de mil fuegos

Que se arroja al averno

Por mis exequias

Sin importar cardos o yerros

Madre

Quizá este poema lleve

Versos del desahuciado

A la vez, significa la amalgama

De nuestras fortalezas

Gabriel AvilésMAGNOLIA, GABRIEL AVILÉS
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Mi Primer Libro Consciente, Roberto Cardozo

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El primer libro que leí con plena consciencia fue El Perfume, de Patrick Süskind, que se lanzó a la venta cuando tenía apenas diez años y que leí a los quince. Aún recuerdo el viaje que significó para mí esa lectura. A esa edad, con una incipiente capacidad de lectura, terminar este libro fue como abrir una puerta a un universo que hasta ese momento no conocía. No hablo de un desconocimiento de que existen infinidad de universos en las novelas y los cuentos, sino que no había sido capaz de entender la genialidad de la maldad en los personajes. Jean-Baptiste Grenouille se convirtió en una especie de héroe y antihéroe a la vez, mientras sentía fascinación y repudio al mismo tiempo.

Desde mi manera de ver las cosas y apreciar el arte, primero tenemos que dejar de lado cualquier sesgo moral para entregarnos al goce estético de cualquier obra, tal como Grenouille cuando se entregaba a los olores, gozando sin importar el origen del mismo.

En este sentido, disfrutar del personaje principal de la obra, supone olvidar que su búsqueda lo lleva a cometer una serie de asesinatos atroces.

La parte final de la novela, ha sido el más poético de todo lo que he leído en la vida. La entrega final, el sacrificio, el clímax del disfrute, la obra maestra de Jean-Baptiste termina de manera sublime su vida y la novela misma, no dejando duda de que el genio lo acompañó hasta sus últimos momentos.

Una novela en la que se lee más allá de las líneas, ya que es una crítica que hasta nuestros días suele seguir vigente; una sociedad en la que, no tener olor puede ser catastrófico. Pasa lo mismo con nuestra sociedad vigente, de manera consciente o inconsciente, solemos discriminar a quien represente una minoría y luego nos espantamos cuando quienes sufren de discriminación reaccionan de manera radical.

El Perfume es una novela que suele dejar una inquietud en el alma que, en lo personal, me sigue acompañando después de tantos años de haberla leído por primera vez.

Cuando salió una versión en el cine, tuve mis reservas al asistir a verla. He de confesar que fui esperando una sola escena y no me decepcionó la manera en que trataron dicha escena, que es cuando llevan a Grenouille al patíbulo y logra salvar el pellejo (irónicamente) utilizando la pócima que había preparado.

Sin duda, en resumen, esta es una de las que no deben faltar en cualquier biblioteca personal y debe ser leída más de una vez para asimilar las ideas con mayor consciencia como lectores.

El Perfume fue, es y será, por mucho, una de mis novelas favoritas de todos los tiempos.

Gabriel AvilésMi Primer Libro Consciente, Roberto Cardozo
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Opiniones de Poder con Effi Brito, 22 de enero de 2020

Los Pininos de Simón, Mariel Turrent

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Ayer llegó Simón a la oficina de Malix Editores con una sonrisa de oreja a oreja, con un andar lleno de aliento y moviendo el rabo con sus aires de grandeza. Orgullosísimo nos presentó su novela terminada.

—Simón, —le dijo Fernando— ¿cómo has hecho para escribir trescientas páginas si nunca te he visto con un libro en la mano?

Pero Simón, no se amilanó, estaba seguro de que su novela era magistral y que pronto sería un best seller.  

Como es costumbre, Rodrigo se dispuso a hacer el dictamen y pronto nos reunió a todos los Malixes para comentar el punto: la novela de Simón no solo era completamente fallida, estaba llena de lugares comunes y la historia era una especie de collage de todas las películas de aventuras espaciales que había visto, con ideas más obsoletas que las que escribió Julio Verne en De la Tierra a la Luna.

Debo confesar que Simón es el hijo más pequeño de la manada, y se da aires de escritor, pero jamás le hemos visto talento y, aunque nunca lo aceptará, jamás ha leído un libro completo. Nosotros preocupados, pues no queríamos cuartar su sueño y mucho menos desanimarlo; buscábamos algún pretexto que disculpara la mediocridad de su trabajo.

—Para Rilke, la inspiración lo era todo, estaba convencido de que únicamente a través de una experiencia poética podía emerger la poesía —comentó Miguel—, pero es claro que el joven Simón poco ha vivido. No le conozco amor alguno, y ni qué decir de que le hayan roto el corazón. Aunque sinceramente no necesitaría nada de eso para escribir de extraterrestres.

Sin duda, Simón lleva una vida poco inspiradora, y su imaginación lejos de volar hacia lugares desconocidos no hace más que redundar en las imágenes de las series de Netflix y los videojuegos, pero T.S. Elliot aseguraba que un texto superficial puede parecer más profundo si se logra la excelencia técnica; es decir, que no es tan importante haber vivido en carne propia un drama para poder escribir algo que haga vibrar a otras almas. Pero Simón, como bien lo dijo Fernando, tampoco se ha preocupado por leer, ni por aprender la técnica. Cree —aunque seguramente no conoce la anécdota de Coleridge y su poema Kubla Khan escrito de una sentada inmediatamente después de un sueño opiáceo y cuya prosodia calificó Borges de exquisita— que, si lee un par de líneas antes de echarse su siesta verpertina, al despertar, la inspiración llegará y podrá escribir algo magistral.

—Ni modo. Más vale una colorada que mil descoloridas —dijo Miguel envalentonado—. Tenemos que decirle la verdad. Que tiene que prepararse y leer si realmente quiere ser escritor.

Entonces, agarrando al toro por los cuernos —pues a Miguel le encanta esto de la tauromaquia—, le explicó a Simón lo que significa el oficio de escritor con las palabras de Truman Capote:

“Cuando Dios nos ofrece un don, al mismo tiempo nos entrega un látigo, y éste sólo tiene por finalidad la autoflagelación.
Pero, naturalmente, yo no lo sabía. Yo escribía historias de aventuras, novelas policiales, escenas cómicas, cuentos que me había narrado ex esclavos y veteranos de la Guerra Civil. Me divertía muchísimo, al principio. Dejé de divertirme cuando descubrí la diferencia entre escribir bien y mal, y luego hice un descubrimiento más alarmante aún: la diferencia entre escribir bien y el verdadero arte. Una diferencia sutil, pero feroz. Después de eso, cayó el látigo.”

Después de eso se desató la tormenta. Todos empezamos a aleccionarlo y a decirle que esto de escribir, aunque parece que cualquiera puede hacerlo, pocos lo hacen bien. Pero que por algo se empieza y que era encomiable que se hubiera sentado a escribir trescientas páginas.

Simón salió de ahí, con las orejas gachas y el rabo entre las patas. A nosotros el corazón se nos disecó. La tarde también se arrugó, como si nuestro deseo de eliminar ese episodio, arrojarlo al cesto y volverlo a escribirlo fuera posible.  

Sin embargo, estamos seguros de que, si Simón regresa, será porque realmente tiene vocación y habrá crecido. Si no, ya encontrará placer en otro oficio.

 

  

 

 

Gabriel AvilésLos Pininos de Simón, Mariel Turrent
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