noviembre 2019

Enigma del Cristo, Gloria Chávez Vásquez, del poemario Oda Perdida

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Vuela el Cristo de la tierra impía

Ante la furia del cadalso inerte

Traicionaron su cabeza en suerte

Y le trataron de ladrón un día.

 

La leyenda de un Dios alza su vuelo

Eleva su cuerpo hacia la altura

Y al subir despide su figura

Flama de amor cuando dejaba el suelo.

 

Sube, sube, el espacio es su camino

El ascenso da bálsamo a su herida

Y ese cielo deshace en despedida

La herida humana al corazón divino.

 

Parte y conquista la región perdida

El alma noble de la voz perjura

Perdona los males de mujer impura

Que negó el placer al ver en él la vida.

 

Se pierde el místico, no detiene su partida

Va al encuentro del Dios que le ha esperado

Cuando al fijar sus ojos al pasado

Adivinó del mundo la caída.

 

Un Dios vendido por justicia humana

De quien quería por hombres ser juzgado

Y aceptó por precio la traición mundana

 

Vuela, vuela hacia tu patria Ser Divino

Olvídate del hombre y su pecado

Y entrégale a si mismo su destino.

Gabriel AvilésEnigma del Cristo, Gloria Chávez Vásquez, del poemario Oda Perdida
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Yanina y Rachel, Un Dueto Cuyo Canto No Tiene Límites, (Parte 1), Gabriel Avilés

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Los amigos van y vienen conforme pasa el tiempo, sin embargo, hay algunos que están presentes, gracias a su quehacer artístico, gracias a eso, me reencontré con el dúo Yanina y Rachel, a las cuales conocí en sus inicios hace ya casi treinta años por lo cual, en esta ocasión es un gusto, transcribir la entrevista que estas dos cantantes me dieron.

¿Cómo se origina Yanina y Rachel?

Rachel: Esto representa una gran historia, en 1990, yo cantaba como solista, sin embargo, en ese año el director del Taller Artístico Independiente Eduardo Ancona (Q.E.P.D), nos invita a participar en Los Domingos de Santa Lucía, en ese momento, Yanina me acompañaba con la guitarra, además, ella y yo desde niñas ya teníamos experiencia en el canto, gracias al cuarteto que hicimos con nuestros hermanos, ya teníamos el aprendizaje de hacer primeras y segundas voces y ella participa conmigo como segunda voz en este espacio. Para nuestra sorpresa, al bajar del escenario, se nos acercan las personas para preguntarnos como se llamaba el dueto, que sonaba muy bonito, que ojalá nos presentáramos más de ese modo.

Todo lo anterior ocurrió en septiembre de ese año, para el 12 de octubre de 1990, de nueva cuenta el Taller Artístico Independiente a un programa de televisión con mucha audiencia en el canal local de Mérida, Canal 13 en ese entonces, hasta ese día solamente era Rachel, sin embargo, ese día  se consolido el dúo a la hora que nos preguntan nuestros nombres para presentarnos, ahí surge Yanina y Rachel.

Asimismo, hicimos algunas pistas para que ambas estuviéramos de pie en el escenario y desplazarnos de mejor manera, siempre de manera muy profesional como el  primer día.

Cuénteme de los inicios de Yanina y Rachel.

Yanina: Los inicios de Yanina y Rachel son maravillosos pues como todo comienzo, todo es nuevo, estábamos comenzando, creando, solucionando la búsqueda de recursos, pues, en aquella época sólo teníamos un pequeño teclado y una guitarra para grabar nuestras pistas, no había el dinero para hacerlo al cien por ciento profesional, sin embargo, sonaban bien, con ellas nos presentamos en muchos programas de televisión.

La prensa y los medios de comunicación nos recibieron bien, con mucho apoyo; en cuanto a la gente, mucho apoyo igual, ya que nuestro repertorio consistía en canciones originales del dueto pero igual interpretamos a Bob Dylan con su rock folclórico, de Mamas and the Papas, por supuesto, estelarmente The Beatles. Esos fueron los inicios de Yanina y Rachel queríamos que fuera un concepto, el cual se logró, tanto en las canciones como en nuestro vestuario y escenificación pues queríamos una interpretación fuerte sobre todo de la década de los setentas y se logró totalmente, la aceptación se obtuvo como hasta el día de hoy.

¿Cuáles fueron los primeros escenarios donde estuvieron Yanina y Rachel?

Rachel: Haciendo memoria, el parque de Santa Lucía, otros parques de la ciudad como Santiago, Santa Ana y también la Casa de la Cultura, por supuesto, el teatro Daniel Ayala donde hicimos nuestro primer concierto en forma; el circuito cultural de ISSSTE; también, en diversos municipios de nuestro estado como Progreso, Tekax, Valladolid, vaya, en diferentes lugares que marcaron los inicios del dueto y nosotras muy contentas de haber pisado estos foros.

Platiquen un poco de sus producciones discográficas realizadas a través de casi 3 décadas.

Yanina: Las producciones discográficas es una de las cosas que como dueto valoramos mucho de nuestra historia y carrera musical. Ya son varias, la primera fue Eclecticus, queríamos que fuera muy variado, con diferentes géneros; fue con música casi en su totalidad nuestra, asimismo, pusimos algo de The Doors, The Mamas and The Papas. Esta producción fue muy experimental porque en Mérida en esa época no había estudios de grabación e incluso la maquila de disco se hacía en Monterrey.

Nosotras grabamos en un estudio experimental y el trabajo artesanal, nosotras le pusimos las etiquetas a los discos, compramos los casetes, incluso, ayudadas por la familia. Nos lanzamos a esa aventura, gracias al director de la Facultad de Psicología donde estudiaba Rachel, él dijo: “aviéntense, sino lo hacen ahora, no lo van hacer nunca”, tal vez el valor de su trabajo no sea lo tibio o lo especializado sino que vayan creando todo lo que no había en ese momento”.

El segundo fue Caos y Cosmos, grabado en el estudio Contrapunto con Emilio Rosado que siempre ha sido nuestro director musical, en esta producción, éste hizo los arreglos y los arreglos de voces, pues, buscaba una segunda voz que no fuese convencional tanto en el dueto como en el acompañamiento vocal. Se llamó de ese modo porque del caos que significa una revolución, nace el cosmos. De hecho, mucha gente decía que yo era el caos de Rachel que siempre es muy disciplinada, buscando siempre lo perfecto. Casi todos los temas fueron nuestros, a su vez, tuvimos la colaboración de Mauricio Díaz, un gran compositor y buen amigo nuestro.

La siguiente producción fue Al Margen, trabajo donde se toca mucho lo onírico y temas que quisimos que fueran reflexivos, se hizo muy detallado y experimental, que tuviese varias tonalidades musicales, siempre con el estudio Contrapunto y Emilio; en este disco se puede oír Rock, blues, Espirituales Negros, (Godspell) el otro es Rhythm and Blues o R&B; este proyecto fue una fusión de nuestro sonidos preferidos, con temas de nuestra autoría y del compositor Luis Ceh Polanco (Q.E.P.D); esto da pie al siguiente disco titulado Don Luis Ceh Polanco y sus canciones, fue un gran honor para nosotras ser sus intérpretes, de hecho, ya habíamos cantado en concursos internacionales, canciones de este gran compositor, quedando sus melodías entre las semifinalistas, su acervo musical es maravilloso, pues, él hizo grandes creaciones para el folclore latinoamericano y la trova.

El siguiente disco fue un tributo a The Beatles que la gente pedía. Con los debidos permisos pues tuvimos la suerte que nos comunicaran a la Emi Capitol con la persona que veía la situación del cuarteto de Liverpool en México y nos dijo que grabásemos un casette para ver que estábamos haciendo con la música del grupo y nos dieron luz verde para producir Cielos de Mermelada que hace alusión a una canción de ellos que nos encanta.

El siguiente igual fue otro tributo a The Beatles, llamado En un Jardín Inglés, ese tuvo la peculiaridad de oír sólo coros, ya no era el dueto de Yanina y Rachel; en ese tuvimos la oportunidad de hacer no sólo arreglos orquestales en cuanto a la música y en las voces se hicieron arreglos pues muy disfrutables para nosotras, grabando contra voces, voz sobre voz, hasta quintas voces hasta formar un gran coro.

Después, viene una colección de Lo Mejor  de Yanina y Rachel con obra completamente nuestra, tuvimos algunos sencillos como Mirada de Picasso o Lluvia de Junio, tuvimos El Mañana Nunca Sabe que es también de The Beatles, obra legendaria de Lennon inspirada en el Libro de los Muertos del Tíbet. Ahora estamos en la producción del nuevo proyecto musical para presentarlo en el 2020.

Un gran logro es ser intérpretes de las canciones de The Beatles, ¿cómo surge ese proyecto tan bonito?

Rachel: En primera siempre hemos estado muy vinculadas con la música de ellos, desde el regazo familiar, en casa crecimos escuchando su música, entre otras, por eso, desde el inicio del dueto siempre incluíamos alguna canción de éstos; el propio público nos fue animando a cantar más del cuarteto. Nuestro tío José Molina fue quien nos empujó a cantar al grupo, ahora, él está encargado de muchos conceptos y logística en el escenario, toda la idea y el diseño de las escenografías han sido creadas en su gran mayoría por éste.

Él insistía que hiciéramos un concierto  de The Beatles y así surgió la gira Mágica y Misteriosa que ha permanecido ya bastantes años. Recuerdo que la primera presentación de Tributo a The Beatles fue en el bello teatro de la Universidad Autónoma de Yucatán, Felipe Carrillo Puerto, con el apoyo total de la UADY, algunos organismos e instituciones, además de algunas compañías se pudo realizar. Desde ese día a la fecha, gracias a los medios, al público, sigue vigente y activa.

¿Cuál ha sido la respuesta del público hacia ustedes cantando a The Beatles?

Desde nuestros inicios hasta que se llegó a conformar el Tributo a los Beatles, después de siete años como dueto e iniciar con este proyecto, la respuesta fue impresionante, en nuestro primer concierto se montó una exposición sobre la temática que íbamos a cantar, la respuesta fue impresionante, positiva, se abarroto el teatro de una forma sinigual y ahí recibimos por primera vez, ovaciones de pie por parte del público.

Según nosotros, ese iba a ser el único concierto, claro, seguiríamos cantando sus canciones pero nos absorbió el grupo y sus creaciones de una manera inesperada, cuya consecuencia, fue presentar cada año algo nuevo dentro del concierto dedicado a la música del cuarteto.

El punto álgido de todo este éxito fue llegar a la Ciudad de México y participar en el Vigésimo Aniversario del Festival de The Beatles.

Continuará…

Gabriel AvilésYanina y Rachel, Un Dueto Cuyo Canto No Tiene Límites, (Parte 1), Gabriel Avilés
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Un Volteón en Campeche (2), Jhonny Brea

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Un cambio de aire suele ser benéfico para la salud mental, siempre y cuando no sea uno el encargado de pagar todo y que la tropa esté consciente de que hay un presupuesto para tomarse unos días libres y que la gasolina marca 4T puede estar más cara en el destino, y entonces la diversión con medida queda pactada. Al menos, funciona con la tribu. Resulta bonito porque entonces nos vamos a aplicar la etnografía.

Pero de este viaje resultó que, al menos para mis engendros, tengo raíces campechanas, cosa que no puedo comprobar porque el conocimiento de mi árbol genealógico no llega a tanto.

Después de desayunar, nos dispusimos a pasear por el hermoso centro de San Francisco de Campeche, recorrer sus barrios y, ¿por qué no decirlo?, disfrutar de su gente, que de verdad es amable. La mejor opción, de principio, fue abordar el tranvía turístico. Debo admitir que no me arrepiento del viaje, pero no hubiera estado mal un descuento en la tarifa de adultos con el pretexto del Buen Fin.

Andaba rumiando ese primer gasto cuando La Cutusa me jaloneó del brazo y me sacó de mis pensamientos. Acababa de escuchar del guía que, en Campeche, los hombres son los encargados de hacer las compras y ver que nada falte en la despensa para la comida. “¡Igual que tú, papito!”, gritó provocando unas no muy discretas risas de las damas que iban a bordo. Caray, como si no supieran de las labores propias de mi sexo.

A todas éstas, cuando el carro atravesó el malecón, El Kizín fue el que se alebrestó ante la vista del ángel maya que en valiente hora hizo Jorge Marín. “¡Mira, papá, el Monumento al Papá Luchón, igual que tú!”

Por supuesto, ahora fueron carcajadas. Respiré profundamente, juntando todo el aplomo que puede poseer un macho omega grasa en pecho, espalda peluda, nalga atablonada, abdomen de lavadora y bebedor de cerveza light, y opté por hacer como que el Cristo de San Román me hablaba, mientras el tranvía tomaba rumbo hacia ese tradicional barrio.

Por cierto, el recorrido hace una parada a un costado de la iglesia del Cristo Negro. Entiendo que su fiesta sigue siendo una de las más importantes de la península, y eso que hay varias imágenes semejantes en el área maya, como la del Cristo de las Ampollas de Yucatán, pero verán, a mí no me gusta detenerme en las iglesias. Tengo un problema serio porque basta que me acerque unos cuantos metros y escucho voces.

Esta vez no fue la excepción. Todos se bajaron para contemplar un momento la imagen, ofrecerle un padrenuestro, y en cambio yo nada más oía un sonsonete que venía del umbral de la puerta adjunta a los confesionarios: “¡Hay flan napolitano, hay flor de leche, hay tablilla de chocolate!”

Fui el único que volvió al tranvía con dinero de menos a causa del chocolate entablillado. Cosas que le pasan a uno durante la experiencia mística.

Al término del recorrido, y cuando todavía no acabábamos de descender, El Kizín se nos perdió. Ya habíamos lanzado algunos gritos que hicieron que se acercaran unos policías cuando el muy ladino apareció, haciendo su mejor cara de inocente mientras preguntaba “¿qué no habíamos quedado en ir al Museo de El Palacio?”. Mientras, ya hasta habíamos pensado en aplicarle unos correctivos que en mala hora prohibió el Senado.

Y no están ustedes para saberlo, pero ese rapaz está loco con los piratas y su historia, así que se aceptan recomendaciones de regalo para navidad, especialmente de esos libros que parecen regalo y castigo a la vez.

Macho omega que se respeta

Dicen que una señal de madurez en el yucateco es madrugar en domingo para ir por su cochinita.

Campeche tiene este guiso al estilo Hecelchakán y nos llevan la delantera en eso de la comercialización: me traje dos kilos empacados al alto vacío. Sabrosa, con todo.

Gabriel AvilésUn Volteón en Campeche (2), Jhonny Brea
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Sólo Piedras y Cenizas, César Iván Espadas Sosa

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Sólo piedras

y cenizas,

como tumbas quedaron

en el tiempo emocional,

ensueños,

polvo sólo.

 

Viento hueco

es ahora el compañero,

sin pájaros,

oscuro y neutral,

fría la luna,

miedo.

Mudos espejos

sin mirada,

magia muerta.

En el aire sepulto

un movimiento,

un soplo

como sombra lejana.

en su centro

una chispa

las piedras consiguieron,

un olor a lluvia percibieron.

 

Palpita el monte

en la fatigada tierra, la lluvia regresó, como un eco

la espiga abrió su pecho

y el verdor que escapó,

lo pobló todo.

 

Nadie nunca recordó tu nombre,

se enterró en la piedra

sin memoria.

 

Sólo revivirá

en las nubes abiertas

a las mil y una estrellas,

cuando tu soledad

de madre sola,

moje la tierra.

Gabriel AvilésSólo Piedras y Cenizas, César Iván Espadas Sosa
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Navidades y Soledades, Roberto Cardozo

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En estas épocas se llenan los albergues, mañana deben llegar algunos a internarse -Me comentó Henry, un voluntario del albergue al que fui a hacer unas entrevistas y grabar algunas tomas en video. También me comentó que sabe de personas que comenten delitos como robos con tal de que sean arrestados y encarcelados para poder pasar estas épocas navideñas con alguna compañía, porque es la única manera de que puedan tener acceso a algún tipo de celebración de la temporada.

Es bien sabido que el ser humano es gregario por naturaleza y que se mueve en círculos sociales que le permitan una identidad y sentido de pertenencia. A esto tenemos que sumarle que los medios de comunicación y las campañas publicitarias nos veden la idea de que esta temporada es de completa felicidad y de reuniones entre amigos y familiares.

Partiendo de esto, si sabemos que algunas personas, por los vericuetos de la vida, se van quedando sin el núcleo familiar ni de amistades que le permitan sentirse parte de un círculo y que la soledad es una loza muy pesada para las espaldas de los solitarios.

En esta necesidad de afecto, los seres humanos somos capaces de hacer cualquier cosa, algo que no debe asustarnos, debido a que son estos estímulos los que nos llevan a reunirnos.

Cuando nos reunimos en grupos sociales, es normal sentirnos protegidos por el mismo grupo; en contraparte, la soledad, que deja una sensación de vacío emocional y desamparo. Incluso esa sensación de desamparo, si se maneja de manera adecuada, podría ser conveniente para algunas personas. Sin embargo, la publicidad, las redes sociales y la misma sociedad en general, se han encargado de vendernos la idea de que en estas fechas tenemos qué reunirnos con la familia y los amigos, poniendo en nuestras cabezas la idea de que necesitamos esas reuniones para hacer frente a la soledad. En este punto regresamos al inicio en el que hay personas que por distintas situaciones no tienen acceso a este ideal que nos han enseñado desde niños. Esta necesidad es la que nos lleva a buscar alternativas que suplan las carencias, sobre todo cuando se agudizan si estamos en situación de desventaja social.

Es por eso que se hace necesario voltear nuestras miradas hacia ese sector de la sociedad que solemos ignorar, aquellas personas que no están dentro de nuestros estándares de una sociedad regularizada por un sistema que excluye aquello que rompe con la normalidad.

Es muy fácil mantener los ojos cerrados hacia estos sectores, decir que probablemente se merecen la vida que tienen y que no son nuestra responsabilidad. Todo esto es muy fácil, pero si nos deseamos lo mejor entre nuestros amigos y familiares, si le deseamos una feliz navidad o un próspero año a los desconocidos en la calle, por qué no hacerlo con las personas en desventaja social.

La invitación es a dedicar un tiempo para la reflexión y un tiempo para brindar un poco de esperanza a las personas que lo necesitan más, aquellas que viven en abandono, no necesariamente físico.

Roberto CardozoNavidades y Soledades, Roberto Cardozo
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El Otro Final, Winston Tamayo

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De pronto me desperté ensangrentado entre cajas de cartón y periódicos viejos, con una sensación de haber pasado demasiado tiempo hundido en un profundo sueño de nebulosa inconciencia, subconciencia, sonambulismo, alcohol y pastillas de colores. Huyendo de algo que ahora mismo no lograba recordar. Miré al espejo y no vi a nadie, en la habitación tampoco había nadie, no tenía la menor idea de donde me encontraba, nada me alegraba, nada me molestaba. Las siguientes horas las pase de la sucia colcha a la sucia colcha, algunos residuos de café, cacahuate, sal y azúcar, mermelada y hormigas hacen el milagro de mantenerme con vida. La misma camisa, el mismo sucio pantalón

Por la avenida de pronto cruza un coche azul con alguien dentro que yo debería recordar y alguien que no, sonríen, se carcajean, entran al motel “del descuento”, lo conozco bien, la cama es dura, el clima funciona mal, las toallas son pequeñas, hay agua caliente y un espejo para verte de revés. Cuarto trece, mejor no entres si ves que está ocupado. Allí entro el coche azul.

En el fondo de la bolsa quedan algunos residuos de tostadas con chile y limón que mastico sin pena ni gloria, no me había visto tan flaco desde la secundaria, ¿qué es lo que habré hecho para estar tan tirado al abandono? No puedo recordarlo, tengo la sensación de estar evadiéndome. Me toco la mejilla y una espesa barba roza con unas largas uñas, me palpo los ojos y los siento hundidos en unas ojeras como pozos, no estoy seguro de reconocerme ¿Qué edad tendré? Tal vez veintiocho o sesenta.

Alguien entra a la habitación, no, no, no, que quiere este tipo ya le dije que no estoy

Como puedo escapo por la ventana, me voy con un pájaro que pasa volando bajo, hay que tener cuidado con el cableado y las antenas no vaya a ser… busco la copa más alta de un árbol y ahí me detengo, llueve, no me mojo, aunque llueve a torrenciales, ¿Cómo puede? Parece que ya no me siguen, no espero a que termine de llover y dejo la rama para buscar el océano, habrá que seguir en gaviota para equilibrar el viento del mar que rompe olas en la roca. Pero ya es tarde y la habitación está llena de gente, se escuchan aullidos de sirenas, intento decir algo, cuando de pronto siento picadas de avispa en el pecho y en la espalda, tal vez eso explique las manchas amoratadas de sangre en la ropa y el cabello.

Gabriel AvilésEl Otro Final, Winston Tamayo
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El Mundo Envejece, Miguel Gallareta Negrón

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El Siglo XXI se ha caracterizado por un decremento de la mortalidad y del número de nacimientos. Según reporte de Naciones Unidas, esta tendencia ha modificado la estructura poblacional, y una de las manifestaciones más evidentes se presenta en la composición del sector de las personas adultas mayores.

La tasa global de natalidad cayó de 3.2 nacimientos en 1990 a 2.5 en 2019, y se proyecta que se reduzca a 2.2 para el año 2050. Por otro lado, según el informe Panorama Estadístico de la Salud Mundial 2019, entre el 2000 y el 2016, la esperanza media de vida aumentó de 66.5 a 72 años a nivel mundial. De continuar con la tendencia actual, la proporción de los habitantes del planeta mayores de 60 años se duplicará, pasando del 11% al 22%.

Pero la vejez no la define ahora los años cumplidos sino la edad biológica, es decir, que inicia cuando una persona comienza a ver disminuidas y desgastadas ciertas capacidades y ha perdido facultades físicas, independientemente si pertenece a la tercera o la cuarta edad.

Claro que llega un momento en que, aun si nos hemos cuidado, las buenas condiciones físicas se van acabando, el cuerpo empieza a sufrir las consecuencias del paso del tiempo, el desgaste de los años, la temida senilidad que a muchos hace sufrir sólo con pensar que algún día llegará a nuestras vidas. Quizá uno de los padecimientos más temidos por las personas que se acercan a la senectud, es la demencia.

Cálculos conservadores de especialistas afirman que en el 5% de las personas de 60 a 65 años, la memoria empieza a fallar. Este porcentaje incrementa al 20% a los 80 y a 25% a los 90 años de edad.

Con 84 años, mi mamá forma parte de esa estadística, pues desde hace más de 15 años padece la enfermedad de Alzheimer, una forma de demencia que poco a poco se va borrando los recuerdos de su mente. Mi papá no escucha ni ve como antes y ahora ya no puede manejar. Le ha costado aceptar sus propias limitaciones y que su pareja por más de sesenta años, la que veía por él y toda la familia, se haya convertido en una mujer dependiente.

La vida de ambos, en pocas palabras, se ha vuelto muy diferente. La senilidad los convirtió, de la noche a la mañana, en personas dependientes, necesitadas de alguien más para resolver sus más apremiantes necesidades como ir al supermercado o acudir a su cita médica, cocinar o limpiar la casa. Ya poco o nada les preocupan los juegos olímpicos de Brasil, ni la visita del Papa a México o si la moneda se devalúa.

Hoy por hoy sus preocupaciones son si les duele una pierna o la espalda, si sus padecimientos les permiten sentarse a comer a la mesa, si sus ahorros alcanzan para cubrir todos los gastos, si los hijos están bien de salud y preguntan por ellos, si podrán ir a misa el siguiente domingo.

Y para los hijos la senilidad de nuestros padres también nos cambió la vida. Ahora los pendientes que nos causan mayor inquietud son cómo organizarnos, entre el trabajo y nuestra propia familia, para encontrar los espacios de atención a los padres; cómo darles ánimos para que le echen ganas a la vida que les resta, cómo asegurarles que no están solos, que mañana seguramente amanecen y que ahí estaremos justo a su lado.

Me queda claro que la senilidad de mis padres es la época de su vida cuando a los hijos nos toca ver por ellos como ellos lo hicieron atrás por nosotros. No son nuestros hijos ni nosotros sus padres, son simplemente dos seres humanos que han perdido capacidades y habilidades y que por tanto necesitan apoyo.

De nosotros depende qué tanto contribuimos para hacerles esta etapa más agradable y no, como en muchísimos casos, un tiempo que deseamos que corra más rápido para que pronto se acabe.

Gabriel AvilésEl Mundo Envejece, Miguel Gallareta Negrón
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Despertar, Mariel Turrent Eggleton

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El próximo 29 de noviembre a las 19:00 hrs, el hotel The Ritz Carlton Cancún organiza una subasta de arte para apoyar la construcción de un centro de educación integral para niños en situación de vulnerabilidad y abuso en Cancún.

Ahí se reunirán obras de los mejores artistas plásticos contemporáneos de México: más de 30 obras en exposición y más de 100 en catálogo.

Malix Editores, ha preparado una selección de textos para crear conciencia en los asistentes con la firme creencia de que, si todos ponemos nuestro granito de arena desde nuestras trincheras, al mundo puede ser un lugar mejor.

Cuando me proponía escribir mi texto, en la maestría me pidieron un texto basado en el argumento del cuento de Augusto Monterroso: “Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”. Entonces pensé que el argumento era perfecto para hacer un texto que cumpliera con ambos propósitos. Así maté dos pájaros de un tiro. Aquí mi colaboración, esperando que muchos niños como José, encuentren un mejor destino.

 

Despertar

 

Cuando Elena le hizo la propuesta, por segundos su cara se iluminó y sus largas pestañas estuvieron a punto de emprender el vuelo, pero instantáneamente había agachado la mirada y continuado su paso entre los coches con la mano extendida. Ella tenía su propia historia y conocía aquel gesto. Sus palpitaciones aceleraron. Cuando se puso la luz verde, sacó el brazo por la ventanilla y un poco a la brava, se metió entre los coches para tomar el retorno y aparcar. Esperó impaciente a que terminara su actuación frente a las luces rojas y, cuando la luz verde lo hizo regresar al camellón, lo abordó nuevamente: “¿No te gustaría estudiar? ¡Vente conmigo! Yo te puedo ayudar”. El niño con la mirada evidenció a un hombre que lo estaba vigilando. Elena supo después que le decían el Dinosaurio, así lo apodaban porque era viejo en el negocio y tenía un defecto congénito: era contrahecho y tenía los brazos cortos. Pero en ese momento, Elena apenas alcanzó a ver una sonrisa sepia de fósil jurásico porque una espiral descendiente de angustias pasadas la urgió a huir.  “Ya me voy, pero dime, cómo te llamas”. “José”. Entonces, ella le dio un billete que lo salvaría momentáneamente de la tortura de su captor. Media hora después, volvió a pasar en su auto por el mismo entronque. Pero ya no habló con él, le guiñó el ojo y le entregó discretamente un papel con un número telefónico.

José había sido uno de los muchos niños que vivían en El nido del Dinosaurio. Sus manos aún no esbozaban las líneas de su destino, cuando se lo llevó a vivir ahí. Había empezado trabajando en el rebozo descolorido de una mujer que vendía chicles. Cuando tenía ganas de corretear y jugar, el Dinosaurio lo hacía bolsear*, lo sumergía en un letargo que lo alejaba de su realidad. En los cinco años que había estado en El nido, había hecho de todo. Incluso había aprendido algo de inglés cuando se lo rentaban a un turista que lo llevaba a la habitación de un hotel. José tenía una historia mutilada por los abusos e inconexa por los efectos de los sedantes callejeros, pero aquello ya había quedado atrás.  Aún vive en una especie de cautiverio, pero algún día podrá salir y forjarse un futuro. Le gusta jugar fútbol y lo hace por las tardes, cuando termina sus estudios. Elena lo visita con frecuencia, a veces lo lleva al cine y, una vez, lo llevó al estadio a ver un partido y le compró la camiseta del América, su equipo favorito.

Ahora, Elena aplaude entre alumnos, profesores y beneficiarios de la organización. José sube al estrado y estira la mano para recibir su diploma. Ella se siente feliz cuando ve sus ojos soñadores de largas pestañas. Ambos sonríen. Pero después, observa cómo José baja la mirada y una opresión en el pecho la sofoca, en carne propia lo sabe, la sombra de su pasado no lo abandonará jamás.

* Inhalar un químico en una bolsa de plástico, papel o un globo, sosteniéndolo frente a la nariz y boca e inhalar los vapores. Bolsear expone al usuario a riesgos de sofocación.

 

 

Gabriel AvilésDespertar, Mariel Turrent Eggleton
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Hacia Dónde Vamos, Laura Salamanca

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Hacemos diversos viajes en nuestra vida según edad, lugar, estado de ánimo y caminamos por numerosos caminos en ese trayecto.

Pero comencemos por el principio, los bebés  gatean para no olvidar la forma como llegamos a la tierra en cuatro patas, ya que es el recuerdo según la filogenia (desarrollo de la especie), como la forma en que toma la mano el bebé y se aferra a quien lo tiene en sus brazos así como se prende el primate de las ramas de los árboles, después se alejará del piso y dejara de usar el olfato para depender, desde este momento de sus ojos, comienza a hacer sonidos guturales como en un principio antes de que existiera el lenguaje como tal, y así comenzará a emprender el viaje de su vida.

De ninguna manera tenemos la mínima noción de hacía a donde vamos, ya que vivimos a expensas y dependiendo del entorno en donde nos haya tocado llegar, y los caminos se encuentran ahí pero nuestra psiquis lo desconoce.

Y así pasarán los primeros años y quizás varios hasta que por fin hacemos conciencia hacia a donde podemos llegar, hablando de ontogenia (desarrollo individual) esto comúnmente pudiera aparecer en la adolescencia, más adelante, o quizás nunca cuando solo nos dejamos llevar por la vida si en el camino no hubo un crecimiento, solo repitiendo tradiciones y patrones  igual que nuestros antepasados, aumentando a esto las serie de supersticiones que no solo causan problemas de índole físico, sino también trabas mentales que vamos arrastrando; en el camino encontramos personas que son incapaces de hacer un pequeño viaje, por no conocer más allá de su colonia incluso ya sin hablar de su ciudad y que siguen viviendo en ese estado como dormidos, ya que en alguna etapa de su vida, fue perdiendo la seguridad que tenia de joven y después de varios años puede quizás preguntarse en donde quedaron esos sueños y todo lo que pensaba realizar, pudiera en esta etapa hacer un gran cambio (la edad no importa) si lo promueve, si no será ya demasiado tarde.

Pero sin embargo, si en alguna etapa de su vida se encuentra preguntándose, ¿hacia a donde quiero llegar? Ya esta accediendo a si mismo usando las fuerzas sutiles que se perciben en sus efectos y que le ayudaran a buscar lo que quiere o le ayudara a alejarlo según sea el caso.

Palabra Trabajo.

Un indígena nativo nunca hubiera pensado en esta palabra que no fue decidida por  nosotros  sino por lo social, religioso o científico, con una serie de paradigmas y nosotros aceptamos, conocimiento, sacrificio, voluntad, dedicación, esfuerzo, creyendo que gracias a esto obtendremos lo que queremos alcanzar dejando de soñar, alegrarnos, imaginar etc.

Diría Heggel trabajo ¿para qué? “para sobrevivir”.

 

Quien inicia su viaje conscientemente, comienza la verdadera revolución que cambiara su vida con su beneficio inmediato, expandiendo el sentimiento posible, pensando en  lo atados que estamos en esta sociedad  y siendo conscientes que en cualquier momento puede hacer un cambio que será promovido por el que efectúa el viaje, y se dará cuenta tristemente por cuanto tiempo vivió resignado a esa forma de vida que vio como cárcel y de la que no podía escapar, viéndolo como algo imposible por las limitaciones con las que se encontraba y que ahora sabe que sencillamente no funciona,  pero lo ideal es ver más allá de las montañas y saber que el mundo es nuestro y tenemos la capacidad para atravesar por donde queramos en el momento que lo deseemos, y que en un principio es incierto pero será necesario dar los primeros pasos para entrar en el camino.

 

Los recuerdos nos ayudan a obtener las experiencias que necesitamos para andar en el camino  y nos podremos dar cuenta que alguna experiencia memorable pasó ante nuestros ojos, algo (algún acontecimiento) donde podríamos haber tenido la oportunidad de despertar y no fuimos capaces de verla por no estar conscientes.

 

“Usted no puede evitar que los problemas golpeen a su puerta. Pero no hay necesidad de ofrecerles una silla”. Joseph Joubert

“Nuestro destino de viaje nunca es un lugar, sino una nueva forma de ver las cosas”

Henry Miller      

 

lauhipnosis@gmail.com

Gabriel AvilésHacia Dónde Vamos, Laura Salamanca
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El Huésped de la Calle Arenal, Norma Salazar

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Hace días que mi trabajo está un poco atrasado, he tenido que hacer horas extras durante estas últimas semanas por la cantidad de investigación que falta por capturar. Leer, rastrear, cotejar datos, actualizaciones de nombres, títulos y más títulos.
Por otro lado, cambiar de domicilio a una oficina nunca ha sido de mi agrado es como cerrar un ciclo y empezar de nuevo en otro hábitat pues tienes que adaptarte con la nueva pared.
Ahora nos toca laborar en un edificio antiguo su entrada tiene un mosaico color turquesa con una inscripción:
Fábrica de velas “La Herradura”, 1786.
Arenal Nº. 58.
Hacienda de Chimalistac
El vigilante me platicó que existió un capataz muy insensible con los indios que trabajaban en este lugar. Tenían que hacer miles de velas por día y si no terminaban les azotaba con un látigo de siete colas. No había indio que no estuviera lacerado por la espalda.
A veces se escuchan sus lamentos. Pero en las noches que tuve que quedarme hasta muy tarde, sólo escuché bullicio rodante. A la mañana siguiente algo me llamó la atención, el nombre de Arenal. De niña una Religiosa del Colegio Federico Froebel, me contó que el nombre de la calle se debía a que ahí cuando llovía se juntaba toda la tierra de la calle y al secarse se apreciaba una arena muy fina castaña. También investigué que existía una guardia que vigilaba el puente empedrado en busca de contrabandistas, era tal la vigilancia que no había árbol ni día sin un colgado.
Unos bandoleros al llegar a su refugio vieron que la guardia se acercaba más a su escondite que se pusieron a rezar con tal fervor a un santo que la guardia pasó de largo, me refiero a San Antonio. Como agradecimiento construyeron esa iglesia que esta junto al río, muy modesta poco ornamentada y que la conocemos hoy, como “El Altillo” cerca del edificio se encuentra el Parque del Caracol, es curioso, tiene una pequeña construcción redonda con una subida en espiral, dicen que era un monumento quizá un pequeño adoratorio.
Con lo que me contó el velador y lo que investigué, ahora veo el lugar de otra forma.
Visité la iglesia realmente es muy pequeña la están restaurando, francamente me gusta más la roca rústica. El río aún corre sucio, maloliente. Un señor de avanzada edad que es vendedor me comentó que estas aguas que corren son del Río Magdalena, por sus llantos en la noche.
Hoy me he quedado un poco más de lo acostumbrado sigo capturando datos, observo por la ventana. El viento se desliza suavemente por el pasillo extinguiendo cada foco del andador, es un viento muy frío como los de otoño, se ha ido totalmente la luz. Esperé a que apareciera alguien pasar por el marco pero sólo escuché su andar. Después el viento vino encendiendo de nuevo cada foco. No lo creí. Todo el alumbrado de la oficina pertenece a una misma red, no hay ningún sistema independiente. Mi compañero huyó dejando sus pertenencias y las llaves del coche.
Es otro día, es curioso nadie comenta nada sobre lo que pasa aquí, bajo estos muros. Es algo implícito, sólo se sabe que nos cambiaremos nuevamente a otro lugar. El velador me sonríe entre dientes y eso me aterra. No es sólo las cosas que pasan hay algo en el edificio, en la calle, en el parque, en los árboles que nos inquietan aun estando de día…, son presencias, no sé, no sé. Hoy aparecieron sobre mi escritorio objetos muy empolvados como si estuvieran guardados por mucho tiempo. Esta noche no me quedaré, no quiero saber nada del lugar.
Antes de bajar a firmar mi salida el vigilante me llama para acompañarlo al traspatio del edificio, después de tanta insistencia acepto ir, cuando de pronto por las escaleras aparece un indio con la piel lacerada, salió corriendo hacia la otra acera, miré como lo aventó un coche no pude hacer nada, me quede paralizada sin habla. La fábrica de la calle Arenal se había quedado sin su huésped.

Gabriel AvilésEl Huésped de la Calle Arenal, Norma Salazar
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